Opinión

"El atractivo del eclipse estaba fuera del ruido y al margen de disputas. Era, sencilla y prodigiosamente, un episodio de inusitada belleza que el cosmos brindaba"

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Jose María Romera

Publicado el 15/08/2026 a las 05:00

Pocas veces tantos millones de personas habrán alzado la vista al cielo al mismo tiempo. Solo por eso ya valió la pena asistir al eclipse que nos alejó por unos minutos de las cuitas terrenales en las que andamos atrapados en nuestro día a día. Aunque no del todo: hubo a quienes el eclipse decepcionó porque esperaban un número circense al uso, o un estallido de endorfinas, o un suceso para la polémica. La sociedad del espectáculo nos ha vuelto consumidores exigentes de emociones fuertes y de imágenes nerviosas. 

Y la polarizada sociedad política nos ha hecho adictos al filtro partidista que ve por todos lados conflictos y tensiones. Pero el atractivo del eclipse estaba fuera del ruido y al margen de disputas. Era, sencilla y prodigiosamente, un episodio de inusitada belleza que el cosmos brindaba a nuestra mirada. 

Es verdad que los eclipses perdieron el misterio antiguo que los vinculaba con castigos divinos o con augurios de cambios y catástrofes. El progreso científico ha anulado el viejo tópico narrativo del personaje apresado por indígenas -como el fraile del cuento de Monterroso- o por civilizaciones de otra época sin ciencia ni instrucción- el yanqui de la novela de Mark Twain-, a quienes burla aparentando dominar el curso de los planetas. 

Algún eco, sin embargo, debe de haber quedado de aquellas fantasías, si hacemos caso de los pintorescos reparos manifestados contra la ‘eclipsomanía’ en las semanas pasadas. Propaganda y cortina de humo del Gobierno, operación de control social de los nuevos tecnoligarcas, sobreactuación de cadenas televisivas en la lucha por las audiencias, reclamo turístico de la insaciable hostelería, en fin, el surtido de motivos para la indiferencia o el rechazo frontal ha sido variado. 

Hasta hubo quien manifestó que se trataba de una ofensiva “de pan y circo” para adormecer a la ciudadanía. Dicho por un futbolista, lo de pan y circo no deja de tener su gracia. Y luego está el empeño por convertir el eclipse en materia opinable y ponerle nota como a un bar en TripAdvisor o a una serie en Filmin. ¿Es posible calificar la música del universo, la matemática del cosmos que se nos vino a revelar por un instante? Quizá sea mejor dejarlo ahí, en ese lugar de la memoria donde se depositan los instantes irrepetibles.

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