Editorial

Almaraz no se cierra

El Gobierno posterga a 2030 la clausura de la central extremeña con un paso en pleno agosto que incide en el dilema histórico sobre la energía nuclear

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Editorial DN

Publicado el 15/08/2026 a las 05:00

El Gobierno consumó este viernes una decisión de calado, la prolongación hasta junio de 2030 de la vida útil de la central nuclear de Almaraz en Cáceres, que se iba telegrafiando en el horizonte pero que optó por precipitar, cuando le restaba aún un mes de plazo, con la publicación de la prórroga en el BOE este viernes 14 de agosto. 

Es decir, en pleno período vacacional y sin que mediara una comparecencia de la ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, a fin de dar cuenta de una medida que contraviene las previsiones en materia energética del Gobierno en un asunto -el cierre paulatino, con fecha límite en 2035, de todo el parque atómico español- del que ha hecho bandera; y que contradice, también, el pacto con Sumar dentro de un Ejecutivo con cada vez mayores dificultades no sólo para sacar adelante su programa legislativo en el Congreso, sino para hacer comprensible la propia articulación interna de sus dos socios. 

Aunque el fondo es un debate de mucha mayor relevancia para el interés común del país, no es baladí el sigilo con el que el Gobierno de Pedro Sánchez ha vuelto a girar en una cuestión que interpela a la coherencia de su plan sobre la sostenibilidad energética, que vuelve a evidenciar la inquietante inexistencia -en esto también- de una estrategia de Estado de amplio espectro y que obliga a conciliar intereses dispares y no coincidentes. 

En este caso, el ‘no’ a la clausura de Almaraz había unido al PP y al PSOE extremeños en defensa de los 4.000 empleos directos e indirectos asociados a la central. El Ejecutivo se ha acogido al contexto internacional -la volatilidad bélica en Oriente Próximo con epicentro en el capital estrecho de Ormuz- para justificar su decisión, ha negado que comprometa el calendario de cierre del resto de instalaciones atómicas y ha legitimado el paso, amparado por el Consejo de Seguridad Nuclear, porque no supone un riesgo ni para la ciudadanía ni para el suministro. Pero la excusa puntual no obvia, antes al contrario, un dilema histórico: qué hacer con el parque nuclear y su empaste con la apuesta por las energías renovables.

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