Opinión
De Perejil a la inacción actual

Actualizado el 14/08/2026 a las 23:23
La crisis de Ceuta, consecuencia de la decisión del régimen alauita de enviar en un ejercicio táctico de guerra híbrida a 70.000 personas para ocuparla, lejos de resolverse ha acentuado la debilidad de la política exterior española; y para colmo de incompetencia ha enturbiado las relaciones con la UE y con uno de sus socios fundadores como es Italia, a consecuencia de la política de echar balones fuera fruto de la inacción del presidente Sánchez y su gobierno, en especial el Ministro AE, Albares.
Las relaciones con Marruecos nunca han sido fáciles. El Conde Romanones decía en torno a 1912 que Marruecos era nuestra única política exterior, desarrollando así la llamada política de prestigio de finales del S. XIX, que llevó a Cánovas del Castillo a decir que África empezaba en el Atlas, refiriéndose a que el norte de Africa era domaine reservé de España. Las cosas como se sabe no fueron así y Francia con el Marruecos francés con capital en Casablanca y la ocupación de Oran, dominó dicha política, tras la conferencia de Algeciras (1917). Con Franco, guste o no, las relaciones se mantuvieron fruto de cierta debilidad del General por los “moros”, -les llamó hermanos árabes- y por el ejército africanista que le ayudaron en su alzamiento.
La marcha verde de ocupación del Sáhara llevada a cabo por el astuto Hassan II (padre de Mohamed VI), durante la enfermedad de Franco constató la inacción de España de la mano del Gobierno de Arias Navarro y en especial de su ministro de presidencia, Carro Martínez a emprender cualquier acción militar en la antigua colonia española. Detrás de la marroquinidad del Sáhara como expansión territorial de Marruecos en la zona estaba también el interés económico por la explotación de los fosfatos de Bucraa entre otras riquezas de dicho territorio.
El episodio de Perejil en 2001 bajo el gobierno de Aznar con Trillo en Defensa, y la ayuda EE.UU, puso límite a las ansias expansionistas de Marruecos. Pero 20 años después en 2021 con Sánchez en La Moncloa, Marruecos puso en marcha otra estrategia de ocupación de Ceuta así como con Melilla que se saldó mas tarde con el cambio de la política exterior de España decidida por Sánchez sin contar con el Congreso, objeto de tantas suspicacias, porque tras el espionaje del Pegasus , la opinión pública entendió que detrás había algún negocio personal de Sánchez o de su entorno familiar.
Unos años más tarde se supo que el Rey Juan Carlos, nuestro mejor embajador con Marruecos, pese a todos los pesares, discrepó de la política de acción militar de Aznar al ocupar el islote de Perejil, pues el Rey defendía una acción diplomática fruto de sus buenas relaciones con la monarquía alauita, que hoy el Gobierno de Sánchez ha impedido llevar a cabo a su sucesor Felipe VI, el Rey prudente.
Sin embargo, la ocupación de Ceuta y cuando puedan la de Melilla se va a convertir, de hecho ya lo es, en una verdadera crisis constitucional, más allá de las comparaciones acertadas o no que algunos analistas están llevando a cabo con la crisis de la pérdida de Cuba et alii, si Sánchez abandona las ciudades autónomas a su suerte.
Es cierto que la sociedad española parece anestesiada con este y otros graves problemas que nos circundan fruto de una política de enfrentamiento irresponsable de Sánchez con tal de mantenerse en el poder. Pero debe repararse que entre la acción militar como en Perejil y la inacción diplomática actual enemistándose con Italia y creciendo el descrédito de España ante la UE como un socio poco fiable y el trasfondo de la venganza de Israel por Gaza, se abre un camino de incertidumbre que solo puede llevarnos a males peores. En tales circunstancias quizás el Rey prudente, tenga que actuar.
Manuel Pulido Quecedo es abogado y doctor en Derecho.