Opinión

¿Por qué no soy feliz si lo tengo todo?

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Gerardo Castillo

Publicado el 12/08/2026 a las 05:00

La pregunta con la que titulo este artículo está formulada desde una mentalidad consumista. El consumismo y el protagonismo son dos fuerzas opuestas en la sociedad actual. A más consumismo menos protagonismo. Asumir el protagonismo de la propia vida es dejar de ser un espectador o actor secundario de ella, lo que genera una libertad interior que es esencial en la felicidad.

Es propio del ser humano aspirar a ser feliz. Para lograrlo algunos lo buscan en el dinero, con el que se puede comprar casi todo para tener una vida más cómoda y placentera. Personalmente no me interesan las telenovelas, pero el título de una de ellas me viene al pelo: “los ricos también lloran”. La felicidad ni se compra ni se vende. La clave no es tener, sino ser. Ser más y mejor.

En “La ciudad de la alegría” Dominique Lapierre describe la vida real de un barrio de chabolas de Calcuta. A pesar de vivir en la miseria, sus habitantes son alegres. La alegría es una actitud que predispone a la felicidad.

No somos felices cuando buscamos la felicidad donde no está o cuando nos falta paciencia para alcanzarla.

Hoy existe una tendencia a perseguir la felicidad como satisfacción inmediata de lo que apetece. Aristóteles decía que la felicidad no se puede buscar directamente, ya que es algo que sobreviene; es una consecuencia, y no algo que se busca en sí mismo. Para expresar esa idea, Henry Thoreau se sirve de una bella metáfora: “La felicidad es como una mariposa. Cuanto más la persigues, más te eludirá. Pero si vuelves la atención a otras cosas vendrá y suavemente se posará en tu hombro:”

La felicidad es el gozo que se deriva de haber conseguido un determinado bien por la plenitud o perfección personal que conlleva. También cabe ser feliz antes de llegar al logro de un bien, en la situación de esperarlo. Así, para Julián Marías “ser feliz quiere decir primariamente ir a ser feliz. Es más importante la anticipación que la fruición actual: si soy feliz, pero veo que voy a dejar de serlo, estoy más lejos de la felicidad que si no soy feliz, pero siento que voy a serlo.”

Pongo dos ejemplos:

El labrador es feliz en la espera de la cosecha. Luego puede ocurrir que la cosecha sea pobre, pero nadie le podrá quitar la ilusión con la que la esperaba. Un matrimonio que proyecta un viaje a un lugar teóricamente muy interesante, luego puede encontrarse con que no era tan bueno como suponían. Pero si lo prepararon con mucho espero, la ilusión permanece. La ilusión es un ingrediente de la felicidad. Otro ingrediente es la conducta virtuosa, porque la virtud es hábito y disposición de la voluntad hacia el bien.

J. Pieper sostiene que la felicidad del hombre se encuentra en la contemplación, que es un conocer encendido por el amor. Feliz es quien contempla el bien que ama y quien se entrega a ese bien.

Dado que la felicidad es una aspiración de la vida humana y que no es fácil alcanzarla, un objetivo fundamental de la educación es preparar para una vida feliz. En la familia, ámbito natural de educación, es donde existen más posibilidades para aprender a ser feliz. La familia es un conjunto de personas unidas por lazos de amor; es el lugar en el que un hijo puede ser más plenamente el mismo, al sentirse querido por lo que es y no por lo que vale.

Gerardo Castillo Ceballos. Doctor en Pedagogía. Profesor emérito de la Universidad de Navarra

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