Opinión
"Me pregunto si mientras lo popularizan hasta hacérnoslo imprescindible piensan también en la forma de hacerlo desaparecer cuando el pijama se le haya quedado pequeño al niño"

Actualizado el 13/08/2026 a las 00:00
La llegada del plástico fue sensacional. Quizá por los bolsos de plexiglás que lucía Rita Hayworth , pero fue tan aceptado que ya fueran bolsos, impermeables transparentes, o incluso peines, enseguida tomaron posesión de nuestras vidas. Hasta las bolsas que empezaron a ponernos en la carnicería nos alegraban porque era bueno aislar los jugos de los filetes para que no embadurnaran cualquier otro alimento que se llevara en el bolso de la compra.
Algunas incluso deseábamos que la bolsa llegara impoluta a casa para guardar en ella la labor que tuviéramos entre manos. No pensábamos que estas se multiplicarían tanto que arruinarían tierras y mares, creando en estos verdaderas e insanas islas.
¿Y qué decir del nylon, de la misma familia, que vino a sustituir a la lana y al algodón, y está hoy en casi todas las ropas que usamos?
A servidora le admira que haya gente tan inteligente, capaz de transformar cualquier materia hasta límites insospechados. Rosa María Canals, catedrática de la UPNA, decía el domingo en este periódico que hay un potencial de negocio enorme en el sector de la madera, ya que con ella se obtienen tejidos de gran calidad, como el modal, que se emplea para hacer ropa interior y pijamas. Es más suave que el algodón y además no encoge. ¿No es estupendo?
Me pregunto si mientras lo popularizan hasta hacérnoslo imprescindible piensan también en la forma de hacerlo desaparecer cuando el pijama se le haya quedado pequeño al niño o nos hayamos cansado de la camiseta de tirantes, no vaya a ser que acabe invadiéndonos y no sepamos qué hacer con él.
Sería bueno que como ocurre con el plástico en algunos casos, nos presentaran unos calcetines o un chaleco diciendo: fabricados reciclando un pijama de modal. Tranquilizaría mucho.