Opinión
"Yo de verdad creo que el presidente anda descojonándose del personal y que, de pronto, se le ocurren sus cosas, como esta de quitarse las piernas de una foto"

Actualizado el 11/08/2026 a las 23:58
Desde Moncloa han mandado una foto de Sánchez en la Mareta atendiendo por pantalla la crisis de Ceuta, y le han quitado con Photoshop las piernas, de manera que parece que no tiene. Se cree que estaría en bañador o quizá desnudo de cintura para abajo; cualquier cosa mejor que esos trajes que se nos pone el presidente y esos zapatos que no se los compra uno ni al enemigo.
Por supuesto que Sánchez tiene piernas: tres, concretamente. Pero su imagen desmembrada por la IA de sus asesores remite a una iconografía de ataques de tiburón en la costa de Florida o quizás de magos trasnochados de Las Vegas que meten a alguien del público en una caja y lo cortan en dos. Acaso Sánchez se sienta como esas adolescentes que disponen sus piernas plegadas sobre la silla como si fueran gallinas.
Yo de verdad creo que el presidente anda descojonándose del personal y que, de pronto, se le ocurren sus cosas, como esta de quitarse las piernas de una foto o la de tomar, mientras los menas arrasan Ceuta, un helicóptero para irse a ver el eclipse en Guadalajara.
El eclipse moral es este al que asistimos, por el cual se protege mejor el espacio marítimo alrededor de la residencia de nuestro presidente que la frontera sur del país, por la que pueden entrar 70.000 tipos y morir en el intento un centenar de ellos, pero se puede garantizar que no se acerque un paparazi por aguas de Lanzarote a hacer una foto del sixpack de Begoña, ni se asome un hombre rana a decirle al bello presidente que la Organización Mundial de la Salud recomienda tomar diariamente al menos 5 piezas de fruta.
Sánchez se ha vuelto paranoico como todos los tiranos y ahora, cuando bucea, cree que los pulpos le miran mal y, tras las rocas, los rascacios cuchichean sobre Begoña. En realidad, el juego de la propaganda, para que funcione, necesita que esta sea descarada y a plena luz del día, o no consigue plenamente sus autoritarios objetivos. La diferencia entre un mal gobernante y un dictador es la misma que entre un carterista y un atracador.