Opinión

"Este superpoder de la huida estática me viene desde niño. Mientras la maestra de Lengua diseccionaba el sujeto y el predicado en la pizarra, cogía el avión"

thumb

Jose Murugarren

Actualizado el 10/08/2026 a las 23:19

Hay quien necesita dejarse el sueldo en un viaje caro para cambiar de aires. A mí me bastó siempre con fijar la vista en una mota de polvo en suspensión, o quedarme hipnotizado en el giro del tambor de la lavadora y de golpe plantarme en la otra punta del planeta. Una especie de secuestro voluntario de mí mismo. Un día estás en mitad de una reunión de vecinos, asintiendo con la gravedad que requiere el arreglo de las bajantes, y al segundo siguiente tu mente ha desertado. Te has mudado a tu Hawai particular sin mover una pestaña. Y para cuando el resto se da cuenta, ya has emprendido el camino de vuelta.

Este superpoder de la huida estática me viene desde niño. Mientras la maestra de Lengua diseccionaba el sujeto y el predicado en la pizarra, cogía el avión. Cuando me pillaba se lo explicaba. Pero ella no entendía mi deambular mental por los aeropuertos. Me decía que estaba en Babia. Un día mirando un atlas descubrí que Babia era un valle con montañas en León. Creo que eso alimentó la idea de seguir fugándome en las clases más aburridas. Era entusiasmante correr con la urgencia de disfrutar de Babia mientras el 'profe' de francés explicaba el 'passé composé'. No me hacían falta mapas, ni ir dejando pistas para regresar al pupitre. Saltaba al vacío de la atención dispersa y regresaba con la misma facilidad con la que hoy me descuelgo de una conversación y huyo.

Vivimos atrapados en una coreografía de estímulos que busca robarnos el timón de los pensamientos. Las pantallas nos reclaman, empeñadas en que entreguemos cada rincón de la conciencia. Es la explotación de nuestra atención, el nuevo Grial que las tecnológicas persiguen sin preguntar. Qué agotamiento. Frente a la tiranía de esta hiperconectividad codiciosa, reivindico el derecho a la desconexión total desde el tresillo. El verdadero lujo contemporáneo no es viajar a Bali; es quedarse en Babia a mirar el infinito. Babia es el refugio que me persigue. Ser un cuerpo presente con el alma en paradero desconocido. Una disidencia silenciosa que ocurre cuando decides apagar la luz interior y colgar el cartel de "no molestar" dentro de tu propia cabeza.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora