Opinión
"Aquí se hablaba un idioma peculiar, la jaquetía, una mezcla del castellano que trajeron los judíos expulsados de España con palabras hebreas, árabes, portuguesas"

Publicado el 09/08/2026 a las 19:30
Entraron del otro lado por millares en el puerto de Ceuta nadando, con flotadores, alguno en bici, vimos guardias metidos al agua con un bebe en brazos. En la cercana Tánger iban a tomar ese día el café y no había camareros, se habían ido a España. Una especie de éxodo. Una Odisea peor que la de Nolan. Toda esta tierra es muy nuestra, está llena de lazos con España.
Aquí se hablaba un idioma peculiar, la jaquetía, una mezcla del castellano que trajeron los judíos expulsados de España con palabras hebreas, árabes, portuguesas. Ese mundo sefardí, remotísimo, casi olvidado. Un escritor maldito, Ángel Vázquez, escribió un libro donde recuperaba el hablar tangerino, preñado de jaquetía: 'La vida perra de Juanita Narboni'. Un libro extraordinario, el monólogo de una mujer de Tánger en aquellos años 50, cuando era una ciudad internacional, abierta, que reunía a artistas y escritores.
Allí estaba Paul Bowles, por ejemplo. Vázquez, era un tipo solitario, tímido, bebedor, hijo de una andaluza que tenía una sombrerería en el zoco y con esa tertulia de hebreas y cristianas, escuchando sus historias, Vázquez hizo su obra. Un día mandó un manuscrito a la península y ganó, contra todo pronóstico, el premio Planeta y fue en barco a recogerlo. Se le ve en las fotos junto a Lara y a Fraga que le entrega el cheque. Vázquez estaba tan emocionado que se lo devuelve, como si no lo mereciera y Fraga se lo vuelve a dar. Le duró poco, porque en Tánger le esperaban una legión de acreedores que acabaron con su dinero.
Ya no queda nada de aquel Tánger cosmopolita y bohemio, ya no queda casi jaquetía, apenas algo, la mayoría de los judíos marroquíes se fueron y su rastro se ha perdido. Algunos lo hablan en Israel o Canadá. El mundo se hace con los que van y vienen y no para nunca. Los que llegaron a Ceuta dejaron más de 100 cadáveres y luego, a las horas, la mayoría fueron volviendo, quejosos de no haber sido bien recibidos, como quien no repara que ha entrado en casa ajena. Me pregunto quién les mandó y qué les habían prometido.