Opinión
"Nos hacen responsables de una situación que sólo causó un monarca absoluto, un sátrapa multimillonario con rostro de batracio a quien la vida de sus súbditos le importa una higa"

Publicado el 08/08/2026 a las 19:30
La llamada “empatía” se lleva mal con los números. ¿Qué son cientos de miles de muertos en la guerra de Ucrania? ¿Y las decenas de miles de venezolanos bajo los escombros? ¿Y el centenar de ahogados en la frontera con Ceuta? Cifras, nada más. El sufrimiento de una persona es una tragedia; el de millones, una estadística.
Necesitamos una historia que ponga rostro y nombre a una de esas personas para que el foco emocional se active. A nadie le puede resultar indiferente la imagen de un crío que llora a un soldado español y le ruega que no lo devuelva a Marruecos. Es suficiente una imagen, una pequeña historia que humanice a una víctima para que el foco de la ola emocional se centre.
Pero cuando la emoción toma el mando oculta el resto de la realidad: las causas, el contexto, los intereses geopolíticos, incluso a las otras víctimas… Si quieres ganarte la simpatía y el aplauso ajeno, muéstrales lo “empático” que eres. No otra cosa han hecho algunos opinadores: colocar el foco cegador en las víctimas de la avalancha coordinada para no mencionar por qué ese niño, que finalmente fue llevado por la Guardia Civil a los servicios sociales, llegó solo a Ceuta, engañado, manipulado, empujado a ser carne de cañón de Mohamed VI.
Frente a una compasión reflexiva y racional, los adalides de la empatía sin fronteras no sólo evitan descender al análisis, sino que nos hacen responsables de una situación que sólo causó un monarca absoluto, un sátrapa multimillonario con rostro de batracio a quien la vida de sus súbditos le importa una higa.
Si quienes abogaban en otros asuntos por la racionalidad y la reflexión, ahora activan el GPS de la emoción como única guía moral, no sólo ponen en evidencia la cínica falsedad de sus argumentos, sino que sus apelaciones a la responsabilidad española en la acogida de los inmigrantes que asaltaron Ceuta, resultan, cuando menos, poco creíbles. Ignoro qué hubiera hecho el Gobierno británico en una situación similar en el Peñón de Gibraltar. Su primer ministro no se hubiera ido de vacaciones al día siguiente. No es tan “empático” como el nuestro.