Opinión

Desolación, devastación

"Las imágenes que llegan de Los Gallardos y de los pueblos cercanos son absolutamente desoladoras"

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Pilar Cernuda

Publicado el 11/07/2026 a las 05:00

La naturaleza castiga a España desde hace un tiempo, una naturaleza desbocada que envía danas, accidentes de gravedad extrema con docenas de víctimas, volcanes, inundaciones, granizadas devastadoras que acaban con las cosechas … e incendios. Siempre en verano llega la maldición de los incendios. El año pasado ya se vivió el peligro en miles de hectáreas alcanzadas por centenares de fuegos, casuales unos, provocados otros, con daños irreparables, económicos y sentimentales. Con víctimas mortales y multitud de heridos. Las imágenes que llegan de Los Gallardos y de los pueblos cercanos son absolutamente desoladoras. A ellas se suman las escenas imaginadas de la gente saliendo despavorida de casa para tratar de llegar a lugar seguro para acabar envueltos en las llamas encoge el corazón. 

La mayoría eran extranjeros, que eligieron esa hermosa tierra andaluza para el descanso o para vivir. Era un lugar seguro y tranquilo. Nadie está libre de verse afectado por una catástrofe nunca esperada ni imaginada. Nadie está libre de ver cómo la vida sufre un vuelco en cuestión de segundos. Sin embargo, no hay nada que garantice la falta total de peligro: de todo se pasa a la nada en cuestión de segundos. El único consuelo ante esta nueva tragedia es que en esta ocasión el comportamiento de las autoridades políticas ha sido impecable. Se han dejado de lado las acusaciones cruzadas sufridas en otras ocasiones, las rivalidades, la búsqueda de responsabilidades en otras instituciones, otros organismos, otras caras, para eludir las propias. Se necesitaba ese respeto a las víctimas, a la tragedia que es de todos, aunque siempre las hay más grandes en el primer plano, que lo ocupan quienes la sufren en su propia piel. Este viernes negro todos han remado en el mismo sentido: ofrecer ayuda antes incluso antes de ser pedida, poner en marcha los mecanismos necesarios para paliar los efectos devastadores de un incendio que se retroalimenta con las altísimas temperaturas, los cambios del viento y su velocidad, y que ha afectado a una zona en donde la vegetación es abundante y extremadamente seca, prende solo con mirarla. 

Ver la solidaridad de las poblaciones cercanas, el comportamiento de autoridades de diferente signo político, los servicios de emergencia trabajando sin deseando sin esperar a recibir instrucciones, Sánchez llamando a Juanma Morena para decir que contara con todo lo que necesitaba; la UME, la Guardia Civil, bomberos, policías y todos los servicios públicos haciendo su trabajo sin pensar nada más que en salvar vidas, los gobiernos autonómicos enviando ayuda… Hasta Tajani, el número dos del gobierno italiano y gran amigo de España, ofreciendo también solidaridad y ayuda… Esta vez sí, los españoles pueden sentir orgullo de cómo, ante una tragedia de alcance inconmensurable, lo prioritario ha sido ayudar, solucionar, buscar refugio para los que han perdido todo, consolar y dejar de lado el protagonismo. Ha sido necesario una tragedia para ocultar las miserias que en otras ocasiones nos han escandalizado.

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