Opinión

"León XIV, Trump y las dos espadas"

"El desafío sigue siendo el mismo que preocupaba a los pensadores medievales: encontrar un equilibrio entre la fuerza del poder y la autoridad de los principios"

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Joaquín Garro

Publicado el 09/07/2026 a las 16:39

La política tiene memoria. Aunque los protagonistas cambian y los escenarios se transforman, algunas preguntas atraviesan los siglos sin perder actualidad. Una de ellas es la relación entre el poder político y la autoridad moral. La reciente visita de León XIV a España y las continuas controversias que rodean a Donald Trump ofrecen una oportunidad para reflexionar sobre esta cuestión desde una perspectiva histórica que se remonta a la Edad Media. Durante su estancia en España, León XIV, en un amplio discurso, hizo un llamamiento ante los miembros del Parlamento español en el que advirtió que la convivencia social puede verse amenazada por la cultura del descarte. El Papa precisó que cuando la Iglesia se dirige a la vida pública lo hace respetando la misión propia de las instituciones y la legítima responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar. También advirtió que “la legítima autonomía del orden temporal jamás debe interpretarse como hostilidad hacia el fenómeno religioso”. 

La fe, reconoció, no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones; sin embargo, puede ser relegada al silencio como si fuese irrelevante para la vida pública, y afirmó que la ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando además de ser válida en su forma puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse. El Sumo Pontífice se hace eco en su discurso de la famosa Teoría de las dos Espadas, cuya formulación clásica parte de una interpretación del pasaje del Evangelio de Lucas (XXII, 38) donde los discípulos dicen a Jesús : “Señor, aquí hay dos espadas”. El desarrollo de esta teoría corrió a cargo de varios autores y papas medievales, entre los que destaca el Papa BonifacioVIII en la Bula Unam Sanctan (1302) afirmando la supremacía del poder espiritual sobre el temporal, rebatida la misma por Marsilio de Padua y Guillermo de Ockam. Marsilio, en su libro Defensor Pacis, distingue cuatro clases de ley, aunque lo verdaderamente importante es la definición entre la ley divina y la humana, y sostiene que la Iglesia no debía ejercer poder político y que la autoridad civil era independiente. 

El franciscano Ockam señala que la soberanía papal es, desde el punto de vista del cristianismo, una herejía y desde el punto de vista político una desastrosa innovación que ha llenado a Europa de discordias y ha destruido la libertad cristiana y ha conducido a una invasión de los derechos de los gobernantes seculares. En la línea de Marsilio se ha manifestado Donald Trump contra el Papa dentro de una línea de confrontación política, donde a primera vista, ambos personajes parecen pertenecer a universos distintos. El mandatario de la Casa Blanca atacó al Papa por su oposición a las políticas de inmigración de EE UU y a la guerra de Irán, acusando al pontífice de ser débil ante la delincuencia y pésimo en su política exterior. Destacar que ni siquiera Hitler ni Mussolini atacaron al Papa de forma tan directa durante la contienda mundial. No obstante el ocupante del sillón de San Pedro, no dado a la crítica directa sobre las declaraciones de los líderes políticos y respetuoso con la” Teoría de las dos espadas”, afirmó no querer entrar en un debate con Trump, pero que seguiría promoviendo un mensaje de paz y que su papel no era el de ningún político. “No tengo miedo a Trump ni a proclamar en voz alta el mensaje del Evangelio, que es para lo que creo estar aqu”í, declaró el pontífice. 

El mensaje de León XIV recordó que la Iglesia sigue aspirando a desempeñar un papel en el debate público, no desde la imposición sino desde la injerencia moral. A la vista de la Teoría de las dos espadas, la espada espiritual correspondía a la Iglesia y tenía como misión orientar las conciencias y velar por los valores fundamentales de la comunidad. La espada temporal pertenecía a los gobernantes y estaba destinada a administrar justicia, garantizar el orden y dirigir los asuntos públicos y el mensaje del Papa en mi opinión no parece haberse salido del guión de la mencionada teoría. El discurso de León XIV en el Parlamento español y la permanente presencia de Trump en el debate internacional muestran que la vieja cuestión de las dos espadas continúa viva. Cambian los nombres, cambian los contextos y cambian las formas de ejercer la influencia. Sin embargo el desafío sigue siendo el mismo que preocupaba a los pensadores medievales: encontrar un equilibrio entre la fuerza del poder y la autoridad de los principios. Y recordando a Napoleón Bonaparte cuando dijo: “Hay solamente dos poderes en el mundo, la espada y el espíritu y a la larga, la espada será vencida por el espíritu.” 

Joaquín Garro Domeño. Doctor en Seguridad Internacional

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