Opinión
La fiesta centenaria de los Sanfermines
"Ha sabido transmitir la esencia de la fiesta con las corridas de los bovinos, encierros, bares y su ambiente en las calles, sin olvidar su bota de vino"

Publicado el 07/07/2026 a las 19:00
Muchos habrán pensado que el título posee una sorprendente equivocación, porque la historia de este fenómeno universal pamplonica nos remite a nueve siglos atrás. La historia de los Sanfermines es una, pero interpretada por varias melodías y voces, escondida en los manuscritos, legajos, hemerotecas, programas de fiestas, carteles y bandos municipales, sin olvidar los informes gráficos; especialmente las vivencias y fotos que cada navarro y visitante guarda en su retina y en los celulares. Es esencial resaltar que esta explosión festiva fue fruto, también, de la incansable investigación, separando la historia real de la leyenda, además de la posterior divulgación por personas dedicadas, como ratones de biblioteca, a escarbar y escudriñar. Valga como ejemplo a Premín de Iruña (Ignacio Baleztena), el doctor José Joaquín Arazuri, Roldán Jimeno, Echenique, Turrillas, P. Ordóñez, Navarjota, Hnas. Leache, Izu o Fernando Hualde. No obstante, el origen de este evento mundial fue fruto de la difusión del cristianismo en Occidente (siglo I-III) y la devoción que sentían los pamploneses por San Fermín, bautizado por San Saturnino y difusor del evangelio en el país galo.
Como consecuencia de la traída de las dos primeras reliquias, en el siglo XII y posteriormente en el XIV por Carlos II desde Amiens, instalada en San Lorenzo, aumentó el fervor. Unidos el Burgo San Cernín y la Población San Nicolás determinaron fijar el 10 de octubre de 1386 como el primer día de San Fermín. Los actos se limitaban a liturgias religiosas con vísperas, procesión y octava, así como una comida para los pobres. La “civitas romana” de Pompelo, más tarde Navarrería, no participó porque todavía existían heridas desde la guerra de los burgos en 1276. Conciliados los barrios por Carlos el Noble, los tres burgos, san Cernín, san Nicolás y Navarrería, trasladaron las celebraciones de octubre al 7 de julio (1591), fusionando las fiestas, la Feria y, más tarde, los toros. Estos tienen su origen en 1385 y se lidiaban en la Plaza del Castillo. Es ya célebre la expresión del escritor navarro Arturo Campion: “Ni la pelota es tan vasca como se cree, ni las corridas de toros son tan forasteras como se piensa”.
Sobre la figura internacional de Ernest Hemingway existen posturas encontradas sobre si Pamplona se ha aprovechado de la presencia y novela del escritor o si el Nobel utilizó Pamplona para darse a conocer al mundo. Sin entrar en polémica, tenemos que descubrirnos ante la fama de Hemingway y aceptar que miles de turistas visitan anualmente la vieja Pompaelo para recorrer los lugares históricos por donde pasó el novelista, durante sus nueve estancias: desde la Plaza del Castillo a La Perla, Café Torino, Kutz, Iruña, Hotel Quintana, Bar Txoko o la tasca popular Casa Marceliano con ambiente a media luz, muebles de madera y el plato preferido, sardinas viejas. Repito, este año celebramos el centenario de la publicación de su más destacada novela Fiesta (The Sun Also Rises, 1926-2026). Significó la proyección internacional del autor, de Pamplona y de los Sanfermines. En su obra transmite emociones con pocos recursos, debido a sus frases cortas, ritmo ágil y conversaciones simples. Ha sabido transmitir la esencia de la fiesta con las corridas de los bovinos, encierros, bares y su ambiente en las calles, sin olvidar su bota de vino “Tres ZZZ” que le acompañaba a todos los lugares. En Fiesta se aprecia cierto pesimismo al referirse a generaciones perdidas, fruto de esos jóvenes traumatizados por la Primera Guerra Mundial, que buscan en el alcohol, en sus relaciones amorosas y en los viajes su modo de vida, vacía. Al escribir de los astados y encierros, el de Chicago se enreda en detalles que puede provocar en el lector aversión hacia los morlacos. Se centra en sus protagonistas, como Lady Brett Ashley, una mujer libre que busca su estabilidad en varios encuentros íntimos, pero fracasa.
El periodista Jake Barnes, Cohn y Campbell son un reflejo de celos, pasiones primarias y tensiones, que desemboca en frustración. En 1936, escribió Muerte en la tarde también sobre Pamplona. Ernest consiguió el Premio Nobel de Literatura en 1953 por su obra El viejo y el mar en la que destaca la perseverancia y la dignidad, porque “la felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”. Ernest tenía un gran amor a los felinos y cuidaba a una decena de gatos en su Finca Vigía de Cuba y afirmaba: “Los humanos pueden ocultar sus sentimientos, pero los gatos representan la lealtad y la honestidad emocional”. Por eso, finalizamos con las últimas palabras cariñosas y de apodo dirigidas a su cuarta esposa periodista, Mary Welsh, antes de suicidarse con su escopeta de caza en 1961: “Goodnigt, my kitten”. (Buenas noches, mi gatita).
Luis Landa El Busto. Escritor e historiador