Opinión
"La novela es muy taurina, no apta para Urtasun"
"Fiesta es la novela de los sanfermines del año 25, donde el autor está muy presente, pero uno lleva 100 páginas y sigue en París"

Publicado el 05/07/2026 a las 17:08
Hoy es un buen día, desde la distancia, para acordarse de la fiesta y de paso de Fiesta, la novela de Hemingway de la que se cumplen 100 años, y todavía resiste. Fiesta es la novela de los sanfermines del año 25, donde el autor está muy presente, pero uno lleva 100 páginas y sigue en París, enredado en la vida de unos americanos que frecuentan los cafés, beben sin parar y van tras una mujer esquiva que pasea con un conde, y luego cuando por fin llegan a Pamplona, al hotel Montoya, se van a pescar a Burguete, toman un autobús en el que viajan encaramados en el techo rodeados de vascos, bebiendo de una bota de vino. Ya en Burguete el hostal les parece caro, 12 pesetas, pero les compensa cuando la patrona les confirma que el vino está incluido. Por la mañana van andando hasta el Irati, a la fábrica de Orbaiceta, nada menos, y allí pescan unas grandes truchas, y se tienden a dormir sobre el pasto. Estas páginas son muy refrescantes.
Al poco vuelven a Pamplona, a las vísperas, tal día como hoy, sin duda el día mejor, porque todo aguarda, las expectativas están intactas, y enseguida bajan al Iruña y piden una botella de Fundador, mientras ven las colas para comprar entradas para Belmonte. La novela es muy taurina, no apta para Urtasun. Demasiado incorrecta. Da la sensación de que los personajes han llegado a una Pamplona levítica y a la vez pagana, que han viajado a un mundo muy distante, de otro tiempo, quizás más puro y elemental, donde acecha la muerte en el encierro y en la plaza, y sus habitantes se entregan a la piedad y el desenfreno a la vez, y aunque la novela confunde el riau riau y la procesión, es lo de menos, se trata de seguir un grupo desquiciado en una fiesta que es el trasfondo de su vida, la puerta para escapar de lo cotidiano y de ellos mismos, lo que no deja de ser la auténtica función de la fiesta: escapar, darse tregua, entrar en otro tiempo, intentar recuperar aquel momento en que todo era nuevo y excitante, en que la fiesta, y no hay otra forma de escribirlo, estalla.