Opinión
Apropiación indebida de Navarra y de las lenguas

Publicado el 29/06/2026 a las 05:00
Los intentos anexionistas sobre Navarra por parte de los partidos políticos nacionalistas vascos y sus grupos afines son continuos. Hasta el club de fútbol más representativo y laureado de la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) se ha permitido poner en su camiseta rojiblanca un mapa de Navarra con la Ikurriña de fondo y se enseñorea incluyendo a Navarra en forma de raya roja vertical como una de las siete provincias de su ficticio territorio. Siempre que pueden van marcando el terreno como el perro que va dejando su rastro en todos los árboles que se encuentra por el camino.
De entrada, y aunque a nuestra presidenta foral no le parezca importante que se apropien de nuestro mapa y de nuestra identidad, los que no somos tan ingenuos, nos damos cuenta de que se trata de un nuevo intento de apropiación indebida de Navarra.
Navarra es y será Navarra, por mucha Transitoria IV que se incluyera en la Constitución, sólo para satisfacer al nacionalismo vasco más radical, que lo que quería en realidad era anexionarse nuestra tierra mediante el asesinato, el secuestro y la extorsión, que llevaron a unos 25.000 navarros a tener que abandonarla.
Navarra es la mayor joya que anhela el nacionalismo vasco (su Jerusalén en palabras de Otegi). La necesitan para así poder inventarse una versión de la historia absolutamente ficticia de la que nunca fueron protagonistas.
Descartada la vía terrorista de los más radicales, el plan del nacionalismo vasco ha consistido en encerrar a Navarra en un joyero y esconderla dentro de una caja fuerte, impidiendo que progrese y boicoteando el avance de sus infraestructuras más necesarias como pantanos, canales, autovías, trenes de alta velocidad y aeropuertos. El nacionalismo vasco tiene un plan para pasar de ser el hermano menor de la historia al poderoso hermano mayor que nos salvará de la malvada España.
Si no reaccionamos pronto, argumentarán que esa joya fue un regalo consentido por los navarros, y negarán que fue el fruto del contrabando de favores políticos del tipo presos por presupuestos, o alcaldía de Pamplona por Gobierno de Navarra. Descubierto el engaño y con el paso del tiempo nos dirán que el delito ha prescrito.
Y es que dando la vuelta a la frase más definitoria de un expresidente que se llama Zapatero, pero que tiene alma de joyero nacionalista, “ser nacionalista es normalmente tener mucho, y estar dispuesto a quitarle al resto mucho más”.
Volviendo al término “apropiación”, tiene un origen común con la palabra “propia” (Proprius en latín) que se refiere a aquello que es exclusivo o específico de un individuo, no compartido con otros. No solo indica propiedad, sino que también se emplea para señalar la esencia o características intrínsecas de una persona o cosa.
Desde hace un par de semanas estamos escuchando mucho hablar de “lengua propia”, cuando nuestra presidenta anunció que pretendía modificar la Ley de Amejoramiento del Fuero, para que la lengua vasca -también llamada euskera, vascuence o batúa- sea definida como lengua propia de toda Navarra.
Además, para contentar a sus socios nacionalistas vascos que la mantienen en el poder, Chivite también ha defendido la “euskaldunización” de la administración navarra, sobre todo en la atención al ciudadano, incluso fuera de las zonas vascófonas.
El término “lengua propia” es algo que a primera vista puede parecer razonable o inofensivo, pero en manos del nacionalismo es un arma letal. Decir que la lengua vasca es lengua propia de toda Navarra es el primer paso imprescindible para argumentar que la esencia y las características intrínsecas de toda Navarra son en realidad vascas y solo vascas.
El siguiente paso llegará cuando se ponga en otro documento que la lengua vasca es “la lengua propia de Navarra”. ¿Han visto el truco o se lo explico? Decir que “la lengua propia” de Navarra es la vasca, sería lo mismo que decir que es la única lengua propia de Navarra. Y eso sería asumir que nuestra lengua común española no sería en realidad una lengua propia de Navarra sino una lengua ajena e impuesta en algún momento de la historia.
Más adelante, en defensa de esa lengua propia minoritaria se justificaría su imposición en las escuelas, excluyendo progresivamente la lengua española y relegándola al rango de una lengua extranjera cualquiera, con 2-3 horas a la semana, con la excusa de que ya se aprende en la calle.
Esta apropiación lingüística por etapas se parece al cuento de la rana que está dentro de un cazo con agua a la que van aumentando la temperatura hasta que muere achicharrada, pero en realidad no es ningún cuento. Es el proceso seguido en Cataluña y en la CAV para erradicar al español de la enseñanza. Y si no se lo creen, pregunten a los padres catalanes que lo han sufrido en sus propias carnes o a los alumnos castellanohablantes de la CAV a los que han suspendido indiscriminadamente en el examen de lengua vasca de la PAU para bajar sus notas medias y dificultarles la posibilidad de estudiar en su tierra.
Si el nacionalismo consigue mediante el contrabando de favores con el sanchismo que la lengua vasca sea considerada como la lengua propia de toda Navarra y que se euskaldunice la administración incluso en zonas no vascófonas, que nadie dude que, en una segunda fase, que posiblemente ya hayan pactado de antemano, eliminarán la zonificación lingüística de Navarra.
Sánchez y Chivite dijeron que nunca jamás (jamás, nunca) iban a pactar con Bildu, y finalmente lo hicieron entregándoles la alcaldía de Pamplona para ser elegidos presidentes del gobierno nacional y foral respectivamente. Ahora nos dice Chivite que no va a eliminar la zonificación. Pues ya saben, anticipémonos y preparémonos para defender Navarra.
Eduardo López-Dóriga Enríquez. Presidente de Sociedad Civil Navarra. www.sociedadcivilnavarra.org