Editorial
Repensar la vida por el calor
La ola de temperaturas extremas destapa enormes carencias en centros hospitalarios o incendios que obligan a protegernos mejor para contener el impacto de la crisis climática

Publicado el 27/06/2026 a las 05:00
Si algo ha demostrado la ola de calor que nos acaba de achicharrar, con temperaturas inusualmente elevadas para esta época del año, ha sido nuestra gran vulnerabilidad ante los efectos más adversos de la crisis climática. La sucesión de jornadas por encima de los 40 grados en junio ha destapado las enormes carencias de las sociedades avanzadas para capear estos fenómenos meteorológicos extremos, cada vez más habituales en el calendario.
Las alertas rojas han disparado las incidencias en todos los órdenes de la vida. El trabajo, la educación, la sanidad y el ocio se han visto sacudidos con virulencia por un ambiente asfixiante que ha tenido sus consecuencias más perniciosas en la población vulnerable. España ha registrado 212 muertes asociadas a este episodio térmico en apenas cuatro días, la mayoría personas mayores de 65 años.
Los agobios sufridos en hospitales, empresas, escuelas, transportes o casas revelan la falta de preparación y la flagrante descoordinación entre administraciones para hacer frente al calentamiento global que desafía a medio mundo. Diferentes comunidades autónomas, con Navarra a la cabeza de las máximas anotadas, han sufrido los rigores del bochorno: aulas y habitaciones del Hospital Universitario de Navarra a 34 grados que impiden una atención digna, tajos al aire libre donde trabajar es un infierno, viviendas mal acondicionadas que agudizan el estrés o voraces incendios como el del norte de Pamplona que desbordan a los equipos de extinción.
La primera lección que nos deja este reguero de incidentes es la peligrosa convivencia con un cambio climático que rompe las previsiones y récords. El calor no espera a sus fechas tradicionales y su brutal irrupción obliga a repensar la forma con la que hacerle frente. Es una evidencia que el urbanismo, especialmente en ciudades, adolece de la protección necesaria contra registros tan tórridos y, desgraciadamente, letales en ocasiones. El calor extremo ha dejado al descubierto grandes lagunas de prevención y negligencias en la climatización de edificios públicos que conviene solucionar con celeridad.