Opinión
"Cualquier día los ‘partidos’ serán solo eso: partidos, trozos de juego intercalados en los tiempos muertos de un concierto de Bad Bunny"

Publicado el 27/06/2026 a las 05:00
De este Mundial que sigo más bien poco y a cierta distancia me quedo con el invento de las pausas de hidratación. Llaman así a las interrupciones del juego programadas para que se refresquen los jugadores. Nacieron como medida ocasional de urgencia contra las altas temperaturas, a criterio del árbitro de turno. Luego se normalizaron en los partidos veraniegos, con calor o sin él. Y ahora han quedado fijadas en el reglamento, como descansos cortos pero obligados que dividen el encuentro en cuatro tiempos en vez de los dos de siempre.
Todos saben que si han acabado imponiéndose no es por cuidar la salud de los jugadores. “Pausa de hidratación” es un eufemismo de “espacio publicitario”, la franja de tiempo que las televisiones aprovechan para hacer caja según el patrón estructural ya consolidado en el fútbol estadounidense -el otro- y en toda la industria del espectáculo deportivo de aquel país. Es el signo de los tiempos.
Recuerdo que hace años algunos intelectuales europeos se declaraban defensores del balompié porque según ellos había nacido y crecido al margen del imperialismo deportivo yanqui, por cuyas garras nunca se dejaría atrapar. Les separaba algo más que un océano, decían: un estilo, una afición, una identidad, una moral incluso. Esa oposición se ha roto.
Los futboleros que me informan sostienen que el viejo fútbol muere por muchas y diversas causas: la dependencia de la televisión, el VAR, los precios de las entradas impropios de un deporte que se dice popular, la epidemia del ‘tiquitaca’, la sustitución del talento en el juego por el músculo, los fondos de inversión que se adueñan de los despachos, las modas capilares, los inexcusables tatuajes, los choques que acaban en zambullidas sobreactuadas en la yerba. Ellos saben de qué hablan. Yo, en cambio, creo que la muerte del fútbol, que ha sabido sobrevivir a tantas cosas, incluidas la razón y la cordura, van a ser estas pausas de hidratación que lo igualan al resto de productos de entretenimiento masivos concebidos a partes iguales para la distracción y para el mercado.
Cualquier día los ‘partidos’ serán solo eso: partidos, trozos de juego intercalados en los tiempos muertos de un concierto de Bad Bunny. O previos a la ceremonia de entrega del premio de la Paz a Trump de manos de Infantino.