Opinión
Futuro de la prosperidad: estrategias para industria

Publicado el 26/06/2026 a las 05:00
El debate político en Navarra está resultando poco útil para abordar las transformaciones que nuestra sociedad requiere. Está centrado en cuestiones coyunturales y en la descalificación del adversario más que en un proyecto ambicioso de futuro que integre y comprometa a la mayoría de la sociedad. No estamos generando un diagnóstico riguroso y sobre todo, compartido, que identifique las causas de los problemas a los que nos enfrentamos y los obstáculos que debemos abordar para superarlos. Falta en el liderazgo político, una voluntad de acuerdo y cooperación para construir entre una amplia mayoría un futuro mejor.
La industria cerró el pasado año con alrededor de 75.000 personas afiliadas a la seguridad social, no es un mal dato, que representaban el 24% del empleo total, y se mantiene como el principal sector en términos de aportación al PIB. Pero la industria pierde dinamismo y empuje. Su cuota representa el menor porcentaje de participación de los últimos diez años. Además, sectores tradicionalmente motores como la automoción, metalúrgica y plásticos con su impacto en la productividad, la innovación y las exportaciones, estan cediendo protagonismo a otros de menor intensidad tecnológica como el agroalimentario. Hay una pérdida de contenido tecnológico e innovación en el tejido productivo y esto es preocupante. Se reconoce también, un patrón de inversión pública poco orientado a la mejora de la competitividad y ocupado en aumentar el gasto social. La inversión privada es débil, hay demasiada incertidumbre. El ecosistema de emprendimiento es pequeño, genera limitados flujos de financiación, inversión y creación de empresas emergentes de alta tecnología. Se retrasa la adopción de reformas en la administración, sigue aumentando el gasto y empleo público mientras los bienes colectivos esenciales se deterioran. Hay deficiencias en la enseñanza básica y profesional, un deterioro creciente del sistema de salud y las infraestructuras de transporte y comunicaciones (aeropuerto y sus conexiones, por no hablar del tren) y energéticas (redes) se parchean y resultan totalmente insuficientes para atender la demanda.
En esta condiciones el tejido industrial navarro y las instituciones públicas necesitan de reformas cuando no de transformaciones profundas. La modernización de la economía de nuestra comunidad es el reto. Cuanto más retrasemos las reformas, más dificil nos resultará acomodarnos a las dinámicas de crecimiento y globalización. Cuanta más aversión y resistencia a los cambios manifestemos, más retraso tendremos y más complicado será aprovechar las oportunidades de una economía abierta. Por eso, resulta difícil de entender la inacción en la que estamos, la comodidad en la que vivimos, la falta de liderazgo. Continuamos sin sumar, sin mirar al futuro. Y así nos va.
Es urgente cambiar el rumbo y establecer una agenda de transformaciones de nuestro tejido productivo. Necesitamos una visión y una estrategia. La primera que fije objetivos y marque la dirección de hacia donde queremos ir en los próximos diez años, la segunda que defina acciones para alcanzarla. Y ello requiere de:
Primero, establecer una visión del cambio: esa visión es importante para conseguir que los ciudadanos, las empresas, las instituciones y la sociedad la conozcan y la apoyen. Si entienden cuáles son los objetivos finales que se pretenden obtener, el propósito final, su colaboración será más sencilla. Esta visión debe centrarse en el progreso económico que es el sustrato sobre el que se construye una sociedad más próspera y justa. La creación de riqueza debe ser el eje central de la acción colectiva. La mejora de la competitividad, el objetivo instrumental para alcanzarla. Sólo unas empresas y una sociedad innovadora y dinámica son garantía de bienestar. Sin el protagonismo de las empresas no hay futuro. Si no se genera riqueza se crea valor y buenos empleos, es una ilusión su distribución. Sin prosperidad, no se avanza hacia una sociedad más justa y con más oportunidades.
En segundo lugar, hay que identificar un conjunto de políticas industriales, económicas y fiscales diseñadas para alcanzar los objetivos perseguidos. Estas acciones e iniciativas son necesarias para atraer talento, impulsar el emprendimiento, la inversión y el crecimiento.
En tercer lugar, es necesario fijar una gobernanza compartida y responsable basada en la colaboración público privada para perseguir los objetivos establecidos. Pero, ante la desunión y desconfianza entre las fuerzas políticas, debe haber un compromiso inicial y promotor de los principales protagonistas de la sociedad civil; líderes empresariales, Cámara de Comercio de Navarra, CEN, asociaciones sociales, trabajadores, sindicatos, centros de pensamiento y universidades haciendo propuestas y tomando iniciativas. El modelo para avanzar es de abajo hacia arriba con debate y compromisos firmes y que luego llegue el acuerdo político. Ya no es tiempo de esperar y quejarse.
En definitiva, resulta imperativo impulsar acciones colectivas que marquen horizontes y construyan iniciativas. Nuestra sociedad tiene que sustituir las dudas y vacilaciones, por audacia, iniciativas y compromiso. Por eso hay que definir y apoyar una transformación profunda del tejido económico y social a través de una estrategia de competitividad, industrial y fiscal que ayude a realizar los cambios que la sociedad Navarra necesita para imaginar un futuro más próspero y solidario.
Emilio Huerta, profesor UPNA, colaborador del servicio de estudios de Cámara Navarra