Editorial
La corrupción tiene responsables
Los partidos deben asumir controles más eficaces y desterrar de raíz las zonas oscuras de la práctica política en lugar de cruzarse reproches, pero sin olvidar que es el PSOE quien copa el foco judicial

Publicado el 25/06/2026 a las 05:00
Lo vivido este miércoles en el Congreso retrotrae al ciudadano a lo peor de la vida pública y lo mantiene cautivo un día más en ese Día de la Marmota en el que se ha convertido la política española. Un mes después de su anunciada comparecencia para dar las debidas explicaciones ante los casos de corrupción que cercan a su partido y a su entorno más personal, Pedro Sánchez subió a la tribuna de oradores como quien pasaba por allí, dejando claro que aquello no va con él y sin dar ni un sólo aporte de enjundia sobre el lodazal judicial en el que chapotea la cúpula del socialismo.
Parece el presidente de España más preocupado en subir vídeos a Tik tok sobre el beneficio de beber agua y quitarse la corbata en el hemiciclo, para visualizar lo comprometido que está con el cambio climático, que en aclarar de una vez por todas por qué falló en su obligación ‘in vigilando’ ante el rosario de corruptelas y cloacas que anidaron entre sus principales espadas. En los despachos de al lado. De Ferraz y de Moncloa.
Porque por mucho que el secretario general del PSOE pasase al ataque denunciando una campaña de acoso y derribo judicial, esa carta ya la quemó en el momento en el que el Supremo, por unanimidad, condenó a 24 años de cárcel a quien fuera su mano derecha y hombre más poderoso del partido. Y que Sánchez se limitase este jueves a negar todo conocimiento y a prometer una resistencia numantina en su permanencia en el Gobierno no es más que una falta de respeto a la voluntad de la Cámara y, por ende, de la sociedad española, habiéndole ambas dado la espalda a su gestión hace ya tiempo.
Ese transitar a medias entre una cuestión de confianza y un debate sobre el estado de la nación, ambos tan necesarios como impensables para un socialismo que se sabe en minoría, sólo contentó a los aplaudidores profesionales que tanto han proliferado en el Congreso. Y que la última defensa del presidente la encarnase una vez más Bildu, arengándole a deslegitimar a jueces e investigadores, pasará a los anales como la última infamia del sanchismo.
Los partidos han de fortalecer sus controles internos para impedir cualquier zona oscura en la política en lugar de cruzarse reproches. Es una necesidad imperiosa. Pero no hay que olvidar que la mirada, gracias a la UCO y a la UDEF, está puesta en el PSOE, por mucho que unos y otros traten ahora de distraer el foco a toda costa.