Opinión

"A eso huele la plaza y a eso huelen las vísperas de nuestras felicidades: a amigos, a abrazos, a hierbabuena, a pintura; a la suerte de volver a vernos alrededor del toro"

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Chapu Apaolaza

Actualizado el 23/06/2026 a las 20:18

En el Patio de Caballos de la plaza de toros de Pamplona donde se celebró la entrega de los premios Ciudadela ha crecido desaforadamente la hierbabuena. A Pamplona, al contrario de lo que le pasa al que no dice «ole», no se le seca la hierbabuena. Han pintado la plaza de un blanco cuidadoso. Así vestidita de Primera Comunión y a dos semanas de que nos estalle el corazón, en el ruedo no huele a miedo, sino a pintura roja, que es un olor inverso al de la sangre. A eso huele la plaza y a eso huelen las vísperas de nuestras felicidades: a amigos, a abrazos, a hierbabuena, a pintura; a la suerte de volver a vernos alrededor del toro, que ocupa la mejor parte de nosotros mismos.

Aarón Palacios viene de la dimensión perdida de las Cinco Villas, entre trigales amarillos como un Van Gogh. El otro día olía a cebada y a retamas, que son el Chanel de nuestros campos. Idoia lo miraba como una madre mira a su hijo y, aunque ya sea matador y lo contempla enternecida, como si todavía fuera a peinarlo, como si fuera a darle la paga.

Todos los toreros son un poco nuestros hijos. Los arrojamos a la fortuna que es el ruedo y los vemos caminar por la línea que da más miedo. Le regalaron una medalla de San Fermín para que el día 7 el santo moreno los proteja con su proverbial capotillo, que es a lo que nos aferramos cuando hay tormenta en la vida y el toro de la existencia acaricia con su pitón derecho la pared de Santo Domingo, y parece que no hay escapatoria. Pero está visto que los milagros existen. 

En la entrada que da al monumento de Hemingway y a esos maderos del vallado que encofran el corazón de los corredores, La Meca ha colocado la fotografía de un toro descomunal de Cebada Gago como un fantasma del futuro. Mira desde el encierro del día 7 como diciendo algo. En casa ya hemos colgado al toro Chirino de Miura que se adelantó a la manada en la cuesta un 14 de julio. Ahora, cuando uno está sentado en el sofá, él lo está mirando y por momentos parece que se le mueve una oreja. Hay que colgar más toros en las paredes para no olvidar nunca de qué estamos hechos.

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