Opinión

Irán y las armas nucleares

thumb

Joaquín Garro

Publicado el 20/06/2026 a las 05:00

Uno de los temas más controvertidos para llegar a un alto el fuego entre Irán y Estados Unidos ha sido la negativa de los ayatolás a la exigencia de Donald Trump de que Teherán siga desarrollando su plan nuclear. Dicha exigencia se remonta al 8 de mayo de 2018, cuando Trump anunció la retirada unilateral de EE.UU. del Plan de Acción Integral Conjunto que habían firmado EE.UU., Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania y la Unión Europea, es decir los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas además de Berlín y la U.E.

El citado Plan limitaba de forma estricta el programa nuclear iraní a cambio del levantamiento de sanciones económicas que recaían sobre Irán y que al salirse del plan EE.UU. dichas sanciones volvió a activarlas Trump acentuando aún más el distanciamiento con Teherán.

Ante la disyuntiva de si Irán debe tener la bomba nuclear o no se ha escrito mucho, dado que su enemigo histórico, Israel, es poseedor de la misma. Algunos politólogos de prestigio, como es el caso del padre del neorrealismo Kenneth Waltz, señalaba en 2012 que el hecho de que solo Israel tuviera el arma nuclear creaba una fuente de inestabilidad y daba lugar a muchas de las tensiones y conflictos en Oriente Medio.

Por su parte, Samuel Huntingtón, en su libro Choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, señala que es menester que surja un poder que pueda contrabalancear el actual desequilibrio en el orden mundial. La gran motivación para Irán se encuentra en lo afirmado por Huntingtón: “si tienes armas nucleares, EE UU y otra potencia nuclear no lucharán contra ti”.

En su provocativo y controvertido artículo Why should Iran get Bomb, Waltz asegura que una de las razones por la cual es rechazada la idea de que Irán acceda al selecto club de las potencias nucleares es porque se le considera un “actor irracional”. Nada más lejos de la realidad, ya que los Estados simplemente tratan de sobrevivir y el régimen iraní no es la excepción.

John Mearsheimer, en su artículo publicado en 1993 The Case for a Ukranian Nuclear Deterren, argumentaba que tras la desaparición de la URSS, Ucrania debía conservar el arsenal nuclear heredado, ya que éste sería el medio para disuadir una futura agresión rusa. Su razonamiento era que un Estado con armas nucleares es mucho más difícil de atacar directamente. Años después, la invasión rusa de Ucrania en 2022 hizo que su artículo volviera a ser objeto de un intenso debate académico.

Es evidente que las armas nucleares proporcionan a los Estados que las poseen un elevado nivel de impunidad para ejecutar políticas agresivas frente a sus rivales, siempre que no superen el umbral que llegue a desencadenar una guerra nuclear, algo realmente difícil de entender, ya que las potencias nucleares raramente se enfrentarían, ya que el coste de una guerra sería inasumible. En la actualidad, el que Israel sea el único Estado que posee armas nucleares en la región, causa un desequilibrio estratégico, y si Irán adquiere material nuclear similar, ambos Estados tendrían incentivos para evitar una confrontación directa. El miedo a la destrucción mutua actuaría como un mecanismo de autocontención. En otras palabras, y según sostenía Waltz, la posesión de armas nucleares no sería un factor de guerra, basándose en la experiencia de EE UU y la URSS durante la Guerra Fría.

Durante décadas ambos países acumularon miles de cabezas nucleares, pero nunca libraron una guerra directa porque existía la lógica de destrucción mutua asegurada y desde esa perspectiva la estabilidad no surgía de la confianza sino del miedo. La duda a esta teoría de Waltz surge si, este modelo en el que se basa, sería trasladable a Oriente Medio. La Guerra Fría la protagonizaban dos superpotencias que gozaban de una experiencia acumulada de gestión de riesgo nuclear. Oriente Medio presenta un contexto muy distinto donde existen múltiples actores estatales y no estatales, con conflictos abiertos y rivalidades religiosas y geopolíticas y donde un error de cálculo podría tener consecuencias mucho más difíciles de controlar.

Además, un Irán nuclear podría desencadenar una reacción en cadena. Si Teherán obtiene la bomba, otros Estados podrían considerar necesario seguir el mismo camino para mantener el equilibrio regional, algo contrario al Tratado de No Proliferación Nuclear, cuya consigna es : cuantos menos Estados posean armas nucleares, menor será el riesgo nuclear. Como reflexión señalar que la mayor enseñanza de Kenneth Waltz no sea que Irán deba tener armas nucleares, sino que los equilibrios de poder, por incómodos que resulten, influyen profundamente en la estabilidad internacional. La dificultad estriba en determinar cuándo la disuasión aporta seguridad y cuándo el aumento de actores nucleares comienza a erosionarla. Waltz sostenía que: “los equilibrios nucleares son, por lo general estables.” Y yo le diría: “También el Titanic parecía estable, hasta que dejó de serlo”.

Joaquín Garro Domeño es Doctor en Seguridad Internacional.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora