Editorial
Y todo, para volver al punto de salida
El acuerdo entre EE.UU e Irán acredita que la guerra desatada por Donald Trump fue un error y que la reapertura de Ormuz no es inmediata, además preocupa la reacción de Israel

Publicado el 16/06/2026 a las 05:00
Si algo demuestra el accidentado proceso negociador que la madrugada del domingo terminó con el triunfal anuncio de Donald Trump es que la agresión lanzada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, sin provocación previa, fue innecesaria. El entendimiento entre Washington y Teherán, que ganará peso con la firma prevista para el viernes en Suiza, no alcanza en realidad la categoría de acuerdo, pero solo puede ser bienvenido por su primer efecto de prolongar el alto el fuego vigente desde el 8 de abril.
Asunto distinto es que represente realmente el cese de las hostilidades, sobre todo en lo que atañe a Líbano. Si además de pactar el fin provisional de la guerra lo acordado contempla la reapertura de Ormuz, el mundo comenzaría a vislumbrar una salida a la grave incertidumbre energética provocada por el conflicto. No sólo por el encarecimiento de los precios del crudo, el gas o los fertilizantes, sino por la afección del fuego cruzado a instalaciones de extracción y refinerías en todo el golfo Pérsico.
Antes de la ofensiva de EE UU e Israel contra territorio iraní, el vital estrecho estaba abierto a la navegación, pero pronto Teherán reparó en la baza estratégica que le proporcionaban sus adversarios. Si ahora se levanta la prohibición -y también el posterior bloqueo estadounidense- la vuelta a la normalidad no será sencilla, se necesitarán garantías de un tráfico seguro, un amplio desminado, y tampoco inmediata.
Es un esfuerzo baldío pretender que Trump reconozca su error en seguir a Israel al enfrentamiento, en el que no logró los objetivos que llegó a enunciar. El programa nuclear iraní, sus misiles balísticos o el apoyo al ‘eje de resistencia’ dependen de 60 días de negociación en los que deberá profesionalizar su diplomacia. Los ataques tampoco derribaron al régimen de Teherán, sólo lo radicalizaron. Y la población civil sigue padeciendo la represión y una economía aún más deteriorada.
Y yampoco Israel puede felicitarse por haber sumado a su estado de guerra permanente la desestabilización de Líbano. Y esta vuelta al punto de partida descoloca al país frente a las naciones de Oriente Medio que apuestan por el entendimiento.