Opinión
El dilema del Donbás: paz negociada o integridad territorial
"Después de más de cuatro años de conflicto, éste sigue sin mostrar una salida clara y con un coste humano, económico y político cada vez mayor"

Publicado el 15/06/2026 a las 05:00
Ucrania rechaza retirar sus tropas de la parte fortificada de Donetsk, óblast (provincia) al suroeste del Donbás, un territorio del que el 23% está aún bajo su control oponiéndose a las pretensiones de Moscú y Washington de renunciar al citado territorio. Zelenski mantiene como línea roja la renuncia al Donbás y su reconocimiento como ruso. La discusión sigue abierta, ¿es la cesión territorial una vía real hacia la paz? o ¿ una pausa temporal antes de un nuevo conflicto? La respuesta sigue siendo tan incierta como el futuro de la propia Ucrania. Rusia ya ha agredido el Derecho Internacional al reconocer unilateralmente unas provincias como suyas, que están bajo el control de otro Estado. ¿ Por qué tiene tanto interés Rusia en el Donbás? Conviene recordar que antes de la primera incursión rusa en 2014, el Donbás era la primera región económica de Ucrania, donde se albergaban las mayores empresas industriales del país, incluidas plantas metalúrgicas, químicas y minas de carbón.
Se calcula que la región representaba aproximadamente el 15,7% del PIB de Ucrania y el 14,7% de su población antes de 2014. Diversas estimaciones sitúan el coste acumulado entre 2014 y 2021, en cientos de miles de millones de dólares, con un impacto anual que en algunos cálculos equivalía a cerca del 20% del PIB pre conflicto. Washington ha intensificado su presión sobre Kiev forzando a Ucrania a que haga concesiones territoriales, mientras que el compromiso ruso sería simplemente “dejar de luchar”, según declaró Trump. Moscú no solo quiere que Ucrania se retire de sus propios territorios, sino también quiere que EEUU reconozca el Donbás como ruso. Según el think tank estadounidense Institute for the Study of War, con el ritmo actual de avances y la ingente capacidad de recursos comprometidos, las fuerzas rusas no podrían hacerse con el resto de la óblast de Donetsk hasta agosto de 2027. A día de hoy, y después de más de cuatro años de conflicto, éste sigue sin mostrar una salida clara y con un coste humano, económico y político cada vez mayor.
En este contexto, una pregunta incómoda ha comenzado a ganar espacio en el debate internacional, ¿debería Ucrania ceder el Donbás para poner fin al conflicto? Para algunos analistas, una concesión territorial podría abrir la puerta a una paz negociada y detener el derramamiento de sangre; para otros, significaría sentar un precedente muy peligroso para el orden internacional. Entre la urgencia de la paz y la defensa de la soberanía, Ucrania se enfrenta a una de las decisiones más complejas de su historia reciente. El debate sobre una posible cesión del Donbás no es solo territorial, sino profundamente político, moral y estratégico. Quienes defienden la idea de una concesión territorial argumentan el asunto desde una lógica pragmática y señalan el desgaste del ejército ucraniano, la fatiga de sus aliados occidentales y el enorme costo humano de una guerra prolongada. En este enfoque, ceder el Donbás ya devastado y con parte de su población desplazada, podría ser el precio a pagar por un alto el fuego duradero, la reconstrucción del país y la estabilización de la región. Sin embargo, los detractores de esta postura advierten que una cesión territorial bajo presión militar equivaldría a legitimar la agresión rusa y temen que aceptar la pérdida del Donbás no garantice una paz real, sino que incentive futuras ofensivas, tanto en Ucrania, como en otros países vulnerables.
Desde esta perspectiva, el conflicto no trata únicamente del control de una región, sino del respeto al Derecho Internacional y al principio de que las fronteras no se deben cambiar por la fuerza. Además la dimensión interna del debate es clave para gran parte de la sociedad ucraniana, y el Donbás forma parte inseparable de su identidad nacional. Cederlo podría generar una profunda fractura política y social, debilitar al gobierno y socavar el sacrificio de soldados y civiles. Entonces, la pregunta no es solo si Ucrania puede seguir luchando, sino si puede aceptar una paz percibida como injusta. Entre la apremiante necesidad de detener la guerra y el temor a una paz frágil, el dilema del Donbás expone la complejidad de un conflicto que no admite soluciones simples y que ponen en juego no solo el futuro de un territorio, sino el mensaje que se transmite al mundo cuando la fuerza intenta imponerse al derecho. Mientras los combates continúen la discusión seguirá abierta. La respuesta, por ahora, sigue siendo incierta y como apuntaba Tácito: “una paz injusta es peor que la guerra”.
Joaquín Garro Domeño. Doctor en Seguridad Internacional.