Opinión

"Como las noches son más largas que una sesión de control al Gobierno, juego al ajedrez con mi ordenador, donde vive un chino que sabe kungfú"

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Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 14/06/2026 a las 05:00

Haría falta tener tres cabezas de hidra para seguir la actualidad sin perderlas. En los chat de los amigos hay atascos de memes sobre Florentino infinito y Zapatero engalanado como una hurí. No faltan alusiones a la Feria del Libro de Madrid, paseada por más gente que en la calle Preciados. La firma más bonita se la dediqué a una mujer que resultó ser antigua alumna de la Universidad Complutense a la que suspendí, según me recordó, hace más de 30 años. Le firmé un sobresaliente con efectos retroactivos. En tanto, las muchedumbres podían elegir entre León XIV, que tiene cara de buena persona, y Bad Bunny que es un malote postizo. Todo ello a 30 grados a la sombra. Dormir resulta un ejercicio de ascesis carmelita. Sobre todo, si antes de meterte en la cama de faquir has contravenido las todas las leyes básicas de la higiene del sueño: la última imagen que viste en el teléfono fue la mirada caleidoscópica de Leire Díez. Así no hay manera. Hasta el perro tiene pesadillas. Pero no todo es un turbión de actualidad y concentraciones masivas. 

Por ejemplo: Julian Barnes, que con ochenta años ha publicado un espléndido y último libro titulado “Despedidas”, ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras. Aplaudo tras apurar la segunda taza de café. A veces, no hay que ir a buscar un Premio Nobel al Triángulo de las Bermudas. Barnes siempre ha estado ahí, entre una generación excelente de escritores británicos, desde Martin Amis a Ian McEwan. Ninguno viajará a Estocolmo. Como las noches son más largas que una sesión de control al Gobierno, juego al ajedrez con mi ordenador, donde vive un chino que sabe kungfú. Qué palizas me pega. Cuando llega la hora crítica, estiro las neuronas con Don Quijote, que soñaba durante el día y velaba por las noches. Tengo comprobado que el sueño llega cuando te olvidas de dormir. Te quitas las tres cabezas de hidra, las dejas sobre la mesilla de noche, rezas “Cuatro angelitos tiene mi cama”, piensas en el Mundial de Fútbol y, con suerte, le das jaque mate a la realidad. Buenas noches y buena suerte.

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