Opinión

Carlos Herrera y una caja de puros

"Como acredita el libro '2000. La vuelta del terror', fue aquel un año infernal (23 asesinatos). En marzo, ETA intentó matar a Carlos Herrera con un paquete-bomba. El periodista recibió ayer el premio José Javier Uranga de Diario de Navarra"

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José Antonio Zarzalejos

Publicado el 10/06/2026 a las 05:00

El año 2000 fue terrible. La banda terrorista ETA asesinó a 23 personas. Acaba de publicarse 2000. La vuelta del terror, un libro que agavilla varios ensayos, entre ellos de dos queridos compañeros y amigos, colaboradores durante mi dirección de El Correo, Óscar Beltrán de Otálora y Emilio Alfaro (quien con acierto define aquellos doce meses como “infernales”). La iniciativa ha sido, como en años anteriores, de la Fundación Fernando Buesa, ese gran socialista vasco, asesinado por la banda en febrero de aquel primer año del siglo. Antonio Rivera y Eduardo Mateos, que impulsan con una generosidad extraordinaria la Fundación, junto a Marta Buesa, explican en la introducción que: “esa vuelta al terror se produjo cuando la sociedad vasca y española habían recuperado un sentido moral que los llevaba a considerar inaceptable cualquier recurso a la violencia. Ocurrió cuando la confrontación social con los violentos se hizo descarnada e inevitable al tomar estos a toda la ciudadanía como enemiga potencial […] Y todo esto lo hizo ETA resolviendo poner de nuevo en marcha un fatídico plan con dos vías paralelas y complementarias de violencia: el asesinato selectivo de referentes sociales (políticos opositores, jueces y magistrados, periodistas, intelectuales y profesores…) para obtener más impacto social que el logrado con sus tradicionales crímenes[…]”. 

El 27 de marzo del año 2000, Carlos Herrera trabajaba en los estudios de Radio Nacional de España en Sevilla. Aquel día recibió un paquete en la sede de la radio pública. Era, parecía que era, una caja de puros, quizás el regalo o la atención de un amigo o de un oyente. El periodista, acreditado catador de puros, notó algo raro: la caja pesaba demasiado. Cogió el bulto y lo depositó fuera del edificio, con manifiesta temeridad. Los TEDAX confirmaron que era un artefacto explosivo que, de haber estallado, se hubiese llevado por delante a quien lo abriese. El 27 de marzo de 2000, Carlos Herrera tuvo la fortuna de cumplir años. Él no lo olvida. Como no olvidamos a otros compañeros de profesión (y a todos conocí) como José María Portell, José Luis López de la Calle, Santiago Oleaga, asesinados por ETA. Varios salvaron milagrosamente la vida como Aurora Intxausti y su marido Juan Palomo, y tantos otros que tuvieron que exilarse de allí y acogerse a la hospitalidad cálida del resto de los españoles. Ayer, Carlos Herrera recibió en Pamplona el premio José Javier Uranga, legendario director del Diario de Navarra, que reconoce su brillante y versátil trayectoria. Pero, sobre todo, su valentía, como en la edición anterior reconoció el compromiso periodístico de Julián Quirós, ahora director de ABC y antes de otros periódicos del Grupo Vocento. 

Herrera está vinculado a Navarra por razones profundamente familiares, la conoce y la quiere. Y que el almeriense, recriado en Barcelona y sevillano de raíz, reciba este galardón es de justicia porque forma un eslabón más de la cadena de periodistas que, como José Javier Uranga, son la referencia de la resistencia del periodismo libre frente al terror. José Javier Uranga, al que conocí en su última etapa de director, fue víctima en agosto de 1980 de un terrible atentado: un comando terrorista le descerrajó veintisiete balas. A pesar de su cuerpo acribillado sobrevivió tras un largo año de hospitalización y convalecencia y regresó a la dirección del Diario de Navarra, un periódico de más de 120 años de vida que es una auténtica institución social en la Comunidad foral y el diario que, bajo la dirección desde 2021, sucediendo a la gran Inés Artajo, de Miguel Ángel Riezu, es su referencia informativa y editorial. 

José Javier Uranga (1925-2016) fue un periodista ilustrado que ha merecido ser biografiado por la Real Academia de la Historia, escribió bajo un seudónimo inolvidable (Ollarra, gallo en euskera) y desafió la violencia de ETA con una entereza que Carlos Herrera mantuvo y mantiene día a día en la COPE que reúne ya su máximo histórico de oyentes (más de 4.107.000). Aquel año de terror (el 2000) ETA quería cobrarse víctimas que intimidasen a la sociedad española y lo lograron (en el recuerdo colectivo, además de Fernando Buesa, Ernest Lluch). Intentaron, y fracasaron, asesinar a Carlos Herrera. Premios que reconocen la excelencia cívica como este que concede la Fundación Diario de Navarra con el recuerdo a José Javier Uranga aviva el de todas las víctimas y reitera la obligación deontológica del periodismo contra toda violencia, exactamente como prescribió en su histórico discurso, el lunes, León XIV ante la Cortes Generales. Carlos Herrera, seguramente, se fumó un puro cuando, después del emocionante acto de entrega del galardón que tan nítidamente recuerdo en aquel noviembre de 2023, lo celebró en la capital navarra. Lo merece él y lo merece el recuerdo a José Javier Uranga y la constante labor cívica y profesional de El Diario de Navarra. 

José Antonio Zarzalejos. Primer premio José Javier Uranga

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