Opinión
"Todo es vívido, a veces terrible, y vibrante: los flechazos, el terror de los hombres de Cortés que escuchan los alaridos de sus compañeros"

Publicado el 06/06/2026 a las 17:39
La infértil trifulca retórica entre Claudia Sheinbaum y Díaz Ayuso ha tenido una grata consecuencia. Se acaba de reeditar un clásico de la literatura española: “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, escrita por Bernal Díaz del Castillo, soldado raso que acompañó a Hernán Cortes en la conquista de México.
Díaz del Castillo no tenía ambiciones literarias, sabía leer y escribir, era un gran observador y un narrador dinámico, de prosa sencilla, clara y directa, sin aspiraciones poéticas. Quinientos años después, leemos su crónica con facilidad pasmosa. En mi opinión, una puesta al día de la obra al castellano actual es una forma de desnaturalizar el texto.
En todo caso, la narración de las peripecias que cuenta en su crónica tiene la capacidad cinética de una película. Su capacidad para captar la personalidad de Cortés y sus capitanes, de la que no todos salen bien parados. Sólo la descripción de Moctezuma, al que custodió, es una semblanza magistral. Un episodio inolvidable es la búsqueda de un intérprete en las costas de Veracruz, pues Cortés tenía noticias de un soldado español, superviviente de un naufragio en aquel litoral. Lo encuentran, tiene mujer e hijos, vive como un nativo más.
Las descripciones del avance hacia el interior, las penurias y los combates son propias de un corresponsal de guerra. Asiste a las negociaciones con los enviados por Moctezuma, quien quería retrasar a toda costa la llegada a Tenoztitlan de aquellos hombres blancos, barbados, que parecían centauros. Todo es vívido, a veces terrible, y vibrante: los flechazos, el terror de los hombres de Cortés que escuchan los alaridos de sus compañeros, sacrificados en la llamada Noche Triste, o la posterior batalla de Otumba, donde todo hubiera acabado para Cortés de no ser porque, siguiendo las indicaciones de Malinche, un grupo exiguo de jinetes tomó el puesto del estandarte mexica, lo que causó la huida en desbandada del enorme ejército. La obra se lee como una novela de aventuras. Bernal Díaz murió nonagenario en Guatemala donde, por cierto, la cerveza más popular se llama “De Castillo”.