Opinión
La Navarra que sí funciona

Publicado el 06/06/2026 a las 05:00
Cada vez es más difícil enfrentarse a un informativo sin una palangana a mano, pues la sucesión de escándalos resulta ya indigerible. Tan reprobable como lucrarse ilícitamente, incluso con la pandemia, se antojan los intentos de buscar la impunidad colonizando o prostituyendo aquellas instituciones llamadas a evitar y perseguir tanta golfería. Acuérdense del funcionario represaliado por denunciar las numerosas ilegalidades detectadas en las obras de los oscurísimos túneles de Belate. Un tipo que merecería lanzar el Chupinazo sanferminero por erigirse en faro moral en este océano de deshonestidad.
El instinto de supervivencia nos empuja a romper esta dinámica de negatividad en la que estamos inmersos. Necesitamos aferrarnos a aquellos referentes que nos ayuden a reconciliarnos con la humanidad. Máxime en esta tierra que los Koldos, Antxones, Cerdanes, Servinabares y Nasuvinsas han convertido en el epicentro de la pillería, aunque este dudoso honor está muy disputado.
Urge hablar de Navarra en positivo. A falta de noticias alentadoras procedentes de lo público, toca acudir al ámbito privado. A la Universidad de Navarra, por ejemplo, reconocida como la mejor de España por el Ranking CYD 2026. Añádase a ello que su Clínica, según el Monitor de Reputación Sanitaria y el World’s Best Hospitals, lidera el ranking de centros médicos privados patrios. Sin olvidar el IESE, su no menos prestigiosa escuela de negocios.
No pertenezco al Opus Dei y no haré por tanto proselitismo de su causa. Sí soy uno de los más de 30.000 navarros a los que el paso por esa universidad marcó la vida.
Mi padre recordaba su encuentro con un señor de porte elegante que se presentó así: “Soy Ismael Sánchez Bella, y vengo a fundar una universidad”. Décadas después, los campus de la UN se reparten entre Pamplona, San Sebastián, Barcelona, Madrid, Nueva York, Sao Paulo y Múnich. Aunque el compromiso de la Universidad con Navarra es inequívoco -su actual Rectora Magnífica, María Iraburu, es pamplonesa-, convendría que nadie se confiara. La Unav es una marca de éxito que triunfará allá donde erija sus sedes, como prueba el fructífero traslado de actividad tanto docente como asistencial a Madrid. Cuidémosla. No repitamos los errores de ese PSN que, presionado por los nacionalistas, acabó privándonos de tres centros punteros de investigación biomédica. Tengan claro que Navarra necesita más a esta universidad de lo que esta universidad necesita a Navarra.
El mérito de la UN radica en la búsqueda de la excelencia, lo cual pasa por sacar lo mejor de cada uno. Es el centro en el que mayor número de alumnos concluye exitosamente y en menos tiempo sus estudios. Si a ello añadimos su vocación investigadora y que el mercado se disputa a los “unavers”, entenderemos por qué es el destino que muchos padres -cada vez más extranjeros- ansían para sus hijos.
Mi etapa universitaria coincidió con una gran conflictividad política y social. También con los años de plomo protagonizados por esa banda de malhechores que opuso dinamita al saber y a la libertad. Ajenos a huelgas y ‘borrokas’, en esos cinco convulsos años no perdimos una sola clase.
Hay quienes, rehenes de sus prejuicios, niegan el pan y la sal a esta institución por ser privada y católica, aunque les sorprendería conocer cuántos de sus odiadores oficiales matriculan a sus hijos en la Unav o confían la salud de su familia a su Clínica… A los que critican las ayudas públicas que posibilitaron su puesta en marcha convendría recordarles que la anunciada gigafactoría de baterías china no habría recalado aquí sin la multimillonaria subvención que ha recibido.
Apoyemos todo aquello que sea bueno para Navarra, sea público o privado, autóctono o foráneo. La extraordinaria educación que recibí en un instituto público no desmerece en absoluto a la de mi universidad.
Los beneficios indirectos de la UN son enormes. Pamplona no sería la capital con mayor calidad de vida de España sin la sanidad y la educación que nos proveen la Universidad y su Clínica; y la economía foral se resentiría mucho sin la riqueza creada por sus miles de empleados, y por la infinidad de alumnos, pacientes y visitantes que estos centros atraen. Las profesoras Carmen San Martín y Elena Sanjurjo estudiaron el impacto de la Universidad en la economía local. Rescato un solo dato, referido al año 2002: el Valor Añadido Bruto generado por la UN y la CUN superó con creces al de todo el sector agrícola de Navarra.
No represento a nadie. Tan solo a una familia, la mía, cuyos padres hicieron un esfuerzo ímprobo para regalar a sus hijos un futuro que a ellos la vida les negó. Un futuro que se ha revelado muy provechoso merced, además de a nuestros codos, a una excelente universidad para la que solo tengo palabras de gratitud. Cuidémosla, insisto. Como a la UPNA, por descontado, pues todos suman.
Manuel Sarobe. Notario.