Opinión
Vivir despreocupados, ¿hasta cuándo durará la fiesta?

Publicado el 05/06/2026 a las 05:00
Hace tiempo que la economía empuja a la sociedad a vivir sin grandes preocupaciones. Hay una apariencia de prosperidad aunque las cosas importantes no funcionen bien: la sanidad, la educación, las infraestructuras, el tren... los datos de crecimiento del PIB Nacional y de Navarra, que superan los resultados de las economías europeas, invitan a consumir y gastar. El efecto de la demografía, nos acercamos a los cincuenta millones de residentes y cien de turistas este año, junto con el aumento del gasto público en rotondas, marquesinas y jardineras, placas de aislamiento en edificios, programas sin objetivos medibles y reparto clientelar de los presupuestos.., impulsan el crecimiento de la demanda, la producción y el empleo.
Pero fascinados por los datos de la macroeconomía, nadie se preocupa de las externalidades negativas que se generan o se achacan a circunstancias malignas: la codicia, la especulación, el enriquecimiento sin límites, el capitalismo depredador... Así seguimos, alimentando el motor aunque esté dañado, porque nos hemos olvidado de hacer buenos diagnósticos y medir bien las cosas. Por ejemplo: el crecimiento del PIB es importante, sí, pero por habitante; la renta disponible de las familias, sí, pero mejor medirla después de impuestos; la inversión empresarial en su conjunto, por supuesto: pero no casos concretos sino su trayectoria. La productividad y competividad de la economía como claves del crecimiento futuro, sí, pero comparándolas con otras regiones. Si analizamos la situación en profundidad, el panorama cambia, se reconocen muchas amenazas y debilidades. Nos enfrentamos a retos formidables.
Recientemente, el Consejero de Economía y Hacienda del Gobierno de Navarra, José Luis Arasti, presentó los resultados de un diagnóstico realizado por KPMG sobre la economía para identificar las palancas del crecimiento de nuestra comunidad. Los resultados del estudio son interesantes, siempre es bueno tener diagnósticos, aunque incompletos. El PIB por habitante ha crecido en Navarra un 5% desde 2008 frente al 8% de España y el 16% de la UE. La inversión industrial sobre el PIB se ha reducido desde 2008 y el tejido productivo ha perdido contenido tecnológico. Pero hay más, bastante más. Navarra tiene un PIB por habitante un 19% superior a la media española, Madrid está ya lejos, un 44%, el País Vasco nos ha superado en venticinco años y ahora se encuentra un 25% por encima de la media española. Aragón esta por debajo de Navarra, pero cada vez más cerca. En 2000, eramos la región 44 en PIB por habitante en la UE, ahora estamos en la posición 66. No convergemos con los mejores, aumenta la distancia, nos alejamos. La productividad del trabajo del sector privado de Navarra, calculada como cociente del VAB sobre el total de horas trabajadas, ha tenido una trayectoria modesta en el periodo 2000/24. Ha crecido hasta el 2018, luego se ha estabilizado y ha tenido un repunte entre 2022/23. Hay un crecimiento limitado en los últimos veinticinco años y Madrid y País Vasco tienen mejor productividad y mayor eficiencia. El coste laboral unitario que relaciona la productividad con el coste laboral para las empresas, ha tenido también una trayectoria decepcionante. Está creciendo desde el 2019 de forma muy notable, aumentan más los salarios que la productividad. Se pierde competitividad exterior y eso dificulta las exportaciones.
El panorama es preocupante pero parece mejor mirar a otra parte para que nadie nos fastidie la fiesta. Estamos viviendo el presente sin reconocer las externalidades y costes de nuestras acciones y no hay liderazgo político ni social que nos advierta de los peligros.
En los últimos setenta años hemos tenido un crecimiento espectacular del nivel de vida. Hemos construido una economia moderna, somos una sociedad próspera con un nivel elevado de bienestar, pero no tenemos posiciones de liderazgo en areas claves ni en España, ni en la UE. Además, como señalan Draghi y Letta, Europa está perdiendo la carrera con China y Estados Unidos. Vivimos en un mundo que exige reaccionar. Hay que mirar la competitividad porque según cómo trabajemos y hagamos las cosas, podremos vivir. Si nuestra productividad es baja y las empresas poco innnovadoras, tendremos salarios modestos y empleos precarios. Si nuestra productividad es elevada porque se crea riqueza generando ideas y proyectos nuevos, los salarios serán altos, los empleos mejores y más seguros. Por eso hay que abordar un proceso de renovación profunda de nuestra economía y de transformación radical de la Administración Pública como mayor empleador de Navarra.
El progreso económico y la mejora de la competitividad deben estar en la centralidad del debate, hoy no lo están y es necesario configurar y reconocer la importancia de las políticas económicas y fiscales, hoy mal orientadas. Se equivocan, cuando desde espacios políticos relevantes, se denigra la iniciativa individual y el emprendimiento y se pretende sustituirlos por funcionarios. Sin empresarios y sin actividad empresarial, el crecimiento se debilita. Algunos solo hablan de distribución de la riqueza pero se desentienden de su creación; así, el puente con el bienestar de los ciudadanos se rompe y la sociedad se estanca. ¿Seguimos en la fiesta?
Emilio Huerta. Profesor UPNA y colaborador del servicio estudios Cámara Navarra.