Opinión

"El profesor es un individuo peligroso al que hay que mantener a raya si no quieres que a la primera ocasión te endilgue un teorema matemático o un soneto de Petrarca"

thumb

Jose María Romera

Actualizado el 05/06/2026 a las 18:53

A la lista conocida de agresiones a docentes (alumnos díscolos, padres sobreprotectores, agentes de la burocracia educativa, ‘e-learning’ y tecnologías invasiva varias) se le ha venido a sumar una nueva modalidad de atropello físico: el causado por policías antidisturbios en acto de servicio. Ha ocurrido en Valencia, en el contexto de la movilización del profesorado autóctono por la mejora de sus condiciones laborales y en defensa de la enseñanza pública. 

La escena la habrán visto porque se ha hecho viral. Un fornido agente del orden se acerca a la carrera a una manifestante, profesora jubilada, y sin mediar palabra la arrolla dándole un violento empujón por la espalda que la pilla desprevenida. Ella cae de bruces al suelo, con el resultado físico de lesiones en la nariz y puntos de sutura en el mentón, y el resultado moral de pérdida de la confianza en la fuerza pública. 

El profesor es un individuo peligroso al que hay que mantener a raya si no quieres que a la primera ocasión te endilgue un teorema matemático o un soneto de Petrarca. No sabemos qué malos recuerdos de escuela habrían pasado por la cabeza del funcionario uniformado para tomarse la revancha en los huesos de la buena mujer. Lo cierto es que sin pretenderlo ha reforzado la protesta docente con el factor victimismo, que siempre ayuda a ganarse las simpatías populares. 

Ni que decir tiene que desde el suceso de Valencia todos somos un poco más profes y un poco menos polis, lo cual ya es una señal de progreso. Pero uno preferiría que el prestigio social del maestro derivara de lo noble de su tarea, de su competencia pedagógica, de su condición de guardián del saber. Quizá fue así en algún tiempo, pero ahora se diría que, tanto fuera del gremio como dentro de él, tendemos a dignificarlo como sufridor. 

Parece que al oficio de enseñar se le da más valor cuando acarrea penalidades que cuando da alegrías, y que se considera más meritorio sudar la tiza en medio de la incomprensión y la hostilidad del sistema que pasarlo bomba en el trabajo conforme a la sugerencia de Mark Twain: haciendo de tu vocación tus vacaciones. Siempre será mejor una sociedad que admira y respeta a sus maestros que una que los compadece por verlos siendo víctimas de maltrato.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora