Opinión

"Durante un rato, apenas una hora, he temido que uno de los cinco agentes fallecidos en la carretera fuera alguien muy cercano. De la familia. Se me paró el corazón"

La Policía Foral se ha ganado nuestro aplauso y reconocimiento, y recordarle que sus sacrificios personales — que los hacen — sí merecen la pena

Foto del acto institucional celebrado con motivo del Día de la Policía Foral./
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Foto del acto institucional celebrado con motivo del Día de la Policía Foral./Miguel Osés
Foto del acto institucional celebrado con motivo del Día de la Policía Foral./

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Íñigo González

Actualizado el 03/06/2026 a las 13:38

Hoy tenía previsto aburrir al personal con una batallita personal sobre mi lejana Selectividad ahora que miles de chavales se la juegan estos días en las pruebas. Comparar mis tiempos con estos y hablar de chuletas prehistóricas en diccionarios de Latín frente a la nanotecnología con Inteligencia Artificial actual. Pero no. Ya no me apetece. La tragedia de Elgoibar me ha dejado tan tocado que necesito rendir un homenaje, diminuto, desde estas líneas a la Policía Foral.

Porque durante un rato, apenas una hora, he temido que uno de los cinco agentes fallecidos en la carretera fuera alguien muy cercano. De la familia. Y comprobar que su última conexión de whastApp había quedado congelada a las 09.00, justo la hora del accidente, me paró el corazón. Luego, cuando su estado por fin pasó a en línea y a escribiendo, volvió a latir. El mío. Porque el suyo, sabiendo que los que viajaban en esa furgoneta eran sus compañeros, que bien podría haberle tocado a él, aún tardará en sanar.

Ahora que llega el tiempo de las condolencias públicas, de los tuits en redes sociales, de los abrazos virtuales y la solidaridad digital, no está de más recordar la soledad a la que muchas veces hemos condenado a estos trabajadores públicos. En especial, a las unidades de intervención y el GIE, las operaciones especiales. Muchos con un pasado de escolta en la protección de autoridades en los tiempos oscuros del horror de ETA. Quizá por ello, aún permanecen en la diana de parte de la sociedad navarra, que no tolera el servicio que prestan. Vomitivo es comprobar cómo personas con nombre y foto han celebrado sus muertes en el estercolero que también alberga Twitter. Toca  denunciarlos ante los responsables de X por delitos de odio.

Y estos hombres, a los que sólo se ve cuando salvan a alguien del suicidio bajando en rápel por un edificio, o evitan la tragedia de una persona atrincherada con armas en su casa, o solventan ataques violentos en las calles, se han ganado el aplauso y el reconocimiento de la sociedad a la que protegen. Estar con ellos en el momento más duro de la Policía Foral, acompañar al cuerpo, llorar con ellos por sus compañeros fallecidos en acto de servicio. Recordándoles que sus sacrificios personales — que los hacen — sí merecen la pena.

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