Opinión
Y la Tierra sigue calentándose

Publicado el 01/06/2026 a las 05:00
En efecto, como indico en el título, el planeta Tierra sigue sin lugar a dudas calentándose. El año pasado fue uno de los tres más cálidos registrados y los investigadores han indicado que la temperatura en superficie global media en 2025 fue 1,44 ºC más alta que los niveles preindustriales.
Esto simplemente significa que, si no abordamos urgentemente el cambio climático, el mundo irá más allá del temido precipicio de los 1,5 ºC y un planeta más caliente intensificará significativamente la severidad y frecuencia de episodios adversos de clima extremo, tales como olas de calor, inundaciones y sequías, con devastadoras consecuencias para la vida humana y los ecosistemas en todas las regiones.
Así lo ponen de relieve los cada vez más dramáticos informes de los científicos del clima, principalmente los que asesoran a la ONU y a otros Organismos Oficiales competentes en la materia. Todos los datos de temperaturas globales muestran que 2024 ha sido el año más cálido desde que los registros comenzaron en 1850, confirmando que dicho año fue el primero en que la temperatura media global superó los niveles preindustriales por 1,6ºC, lo que sobrepasa el límite de 1,5ºC establecido por el Acuerdo de París de 2015. Como es sabido, en este Acuerdo, todos los países se comprometieron a trabajar juntos para reducir emisiones “lo antes posible”, para limitar el calentamiento global a menos de 2ºC, preferiblemente de 1,5ºC, por encima de los niveles preindustriales. Desde entonces, a pesar de las intenciones manifestadas por los países, las emisiones de gases con efecto invernadero y la temperatura global no solo no han disminuido, sino que han ido creciendo. Lo que el mundo necesita ahora es una rápida, justa e inclusiva lucha contra el calentamiento global, que debe abarcar, entre otros importantes asuntos, la transición en la producción de energía, de tal forma que evite los daños medioambientales y sociales que se han dado en el pasado.
A este respecto, considero que hay motivo para la esperanza. Solamente en 2024, el mundo añadió una cantidad récord de 585 gigawatios (GW) de capacidad de energía renovable, fundamentalmente solar y eólica. En 2025, la inversión total en energía limpia alcanzó 1.897.000 millones de euros, comparados con 286.000 millones en 2015, lo que indica la confianza en las renovables en las economías modernas.
Sin embargo, este progreso sigue siendo peligrosamente desigual. Hoy, solo el 20 % de la inversión en energías limpias se produce en los países emergentes y en vías de desarrollo, desequilibrio a todas luces injusto, ya que son los que menos han contribuido históricamente a las emisiones de gases contaminantes, responsables, como es sabido, del cambio climático. Éste no conoce fronteras y nos afectará a todos.
Por otra parte, cuando la pobreza energética persiste, el desarrollo sigue los caminos más accesibles, y a menudo las inversiones en energía son fundamentalmente dependientes de combustibles fósiles, carbón, petróleo y gas. Las circunstancias geopolíticas actuales, en particular la invasión de Ucrania por Rusia, los conflictos armados en Oriente Medio, con la limitación de circulación de los buques por el Estrecho de Ormuz, incluso su cierre, con lo que esto implica en trabas para el comercio mundial, hacen que los países tiendan a utilizar los recursos que tienen en sus respectivos territorios. Varios países han anunciado ya que usarán sus propias reservas de combustibles fósiles, carbón, petróleo, gas, etc. incluso reabriendo minas cerradas desde hace tiempo, o recurriendo a técnicas controvertidas como el “fracking” o fracturación de estratos ricos en carbono mediante inyecciones a elevadas presiones de grandes cantidades de agua, arena y productos químicos para fracturar la roca y extraer el petróleo y el gas. Así lo han manifestado los dirigentes de algunos países, notablemente Estados Unidos, China, Rusia e incluso Ucrania.
Es adecuado señalar que lo que se conoce como el Sur Global experimentará la mayor parte del crecimiento en población, ciudades y demanda de energía. Si la energía limpia no se desarrolla donde más se va a necesitar, las emisiones globales de gases contaminantes superarán todos los umbrales, con independencia de lo rápidamente que el Norte Global descarbonice sus propias economías. Es mi opinión que lo que el mundo necesita ahora es hacer lo que nos indican los científicos, que nos dicen que la energía limpia no es ya solamente una elección, sino el camino hacia un futuro seguro y económicamente resiliente y que la Comunidad Internacional debe afrontar este momento dispuesta a desarrollar soluciones, rápidamente y a escala global. Y todos nosotros debemos y podemos poner nuestro granito de arena para apoyarlas, de tal forma que, como ya he escrito en algún artículo anterior, podamos decir a nuestros hijos y nietos que les legamos un planeta con buena salud y agradable para vivir.
Jesús Mª Arlabán Mateos. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Economista.