Editorial
Un mes de mayo de puro bochorno
La ola de calor que ha destapado durante estas semanas la vulnerabilidad de nuestro modo de vida es una señal de alarma que debe incentivar la lucha contra el cambio climático

Actualizado el 01/06/2026 a las 09:06
El verano meteorológico comienza hoy, pero la ola de calor que ha pulverizado los registros de temperaturas en mayo constata de nuevo el impacto del cambio climático. La realidad del calentamiento global no sabe ni de calendarios ni de estrictos protocolos de emergencia. No espera a la entrada en vigor de la temporada de playas y tampoco a los planes de salud para aplacar los negativos efectos en escuelas y hospitales.
El calor extremo ha provocado el fallecimiento de 40 personas en el conjunto de España en apenas dos semanas y ha destapado la vulnerabilidad de nuestro modo de vida. Es un mal síntoma que el primer incendio de la renovada campaña ‘todos contra el fuego’ haya afectado al corazón de Doñana. O que los comprensibles agobios de la población en actividades de ocio, trabajo y estudio hayan pillado a las administraciones con el pie cambiado, sin capacidad de reacción para contener el bochorno.
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La crisis climática que ha golpeado estos días a Europa no es un fenómeno coyuntural. Que el termómetro se acerque peligrosamente a los 40 grados en comunidades del norte peninsular como Navarra, con noches tropicales propias de agosto, traslada una señal de alarma. Y refleja la falta de adaptación a una crisis que condiciona desde el urbanismo a los horarios laborales.
De poco sirve adelantar al año que viene los protocolos contra el calor si esta semana sanitarios, escolares y bañistas se han visto obligados a buscarse la vida. Con polos de hielo en hospitales, botellitas de agua con difusores en clase o con surfistas como improvisados socorristas.
La lucha contra el cambio climático requiere de compromisos amplios y de una firme voluntad para cumplirlos. Sin embargo, los acuerdos de la cumbre de París van camino de quedarse en agua de borrajas, mientras se descuelgan países que suelen ser también los más contaminantes. Estados Unidos ha dejado sin efecto los límites de gases de efecto invernadero en los vehículos con la idea de animar la automoción, engullida por la competencia china. Negar el consenso científico sobre la estrecha relación entre emisiones y efectos no es el camino.