Opinión
"Esta corporación llegó al Ayuntamiento de Pamplona alegando que la anterior estaba paralizada y va a demostrar que a inoperancia no le gana nadie"

Publicado el 31/05/2026 a las 19:00
Dos propuestas han pasado el corte para un cambio en el Monumento de los Caídos de Pamplona que lo acomoden a las exigencias de la llamada memoria democrática. La selección ha corrido a cargo de una comisión cuyos cargos son difíciles de entender para el profano y tan largos que llenarían este artículo.
No es la primera vez que se hace un concurso, recuerdo haber visto hace años expuestos proyectos y dibujos muy parecidos a los que ahora se han premiado, y al final no se hizo nada. Poner una sola placa con tan solo los nombres de fallecidos de uno y otro bando, sin más retórica, como se ha hecho en otros sitios, sería lo mejor. Tal vez el “paz piedad y perdón” de Azaña, que todavía resuena. Lejos de eso, se quiere vencer al fascismo y decidir qué es lo que a la gente le conviene ver.
La cripta, las pinturas murales de Stolz, que se dejó la vida en la tarea, con sus gestas de Sancho el Mayor, su Francisco Javier convirtiendo infieles, sus carlistas arrebatados, la mitología de la época, que daría tanto para hablar y explicar, son cosa casi prohibida. Posiblemente después de esto tampoco se haga nada. Esta corporación llegó alegando que la anterior estaba paralizada y va a demostrar que a inoperancia no le gana nadie.
Las obras de Sarasate, que hicieron del nivel de la calle y de los árboles una pelea política, no se sabe en qué van a dar. El alquiler de bicicletas, que nos facilitaba la vida, ya se lo cargaron hace meses y seguimos a la espera. En una empresa normal hubieran rodado cabezas, pero aquí no pasa nada.
Los proyectos premiados de los Caídos se ve que se acomodan incluso en sus títulos a lo que espera la Comisión, que es de lo que se trata. Se contextualiza y resignifica la cosa, que son los verbos que conviene utilizar, a base de pasarelas y voladizos, de disimulos, de borramientos, todo un esfuerzo notable. Dejan la cúpula, pero más fea, para no ensalzar nada, y salvan con reparos un monumento que no termina de hallar acomodo, que es como un viejo trasto en casa con el que no se sabe que hacer. Es el pasado, que no se quiere ir.