Opinión 

"Cantan los pájaros pero también las ranas y los abejorros, no se sabe bien por qué, tal vez por el hecho de vivir o de volar"

"Toda esta belleza, esta dulzura del cielo, los verdes bruñidos, la luz casi transparente, todo pasará y quedará pronto arrasado por un sol feroz"

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Pedro Charro

Publicado el 04/05/2026 a las 05:00

De un día para otro, sin que nadie moviera un dedo, la primavera ha estallado en todas partes. La nueva vida, potente, altanera, colorida, se abre paso. El campo se llena de verdes, de amarillos, de rojos y el suelo está alfombrado de margaritas, de pequeñas orquídeas ahí donde los jardineros las han respetado y de dientes de león que han mutado su flor en un plumero, en un globo que que hay que soplar y ver como se esparce, como hacíamos de niños, cómo se dispersa y fecunda el campo, lo mismo que las pequeñas semillas del arce, que vuelan como helicópteros con su gran ala y llegan muy lejos. En Francia la gente se regala el pequeño y precioso muguet del primero de mayo, que trae la suerte. En estas fechas, además, el campo canta. Llega el cuco, y pronto harán su aparición los incansables vencejos, tan chillones, volando en zig zag. Dice Pla que la primavera impulsa a los seres vivos a cantar, que cuando llega se produce una algarabía universal. 

Los poetas, dice Pla, que no se tenía por tal, con cierta condescendencia, lo llaman el despertar de la primavera, algo palpable en las primeras horas, cuando la salida del sol, dice, toca esas pequeñas gotas de frescura diamantina llamadas rocío. Cantan los pájaros pero también las ranas y los abejorros, no se sabe bien por qué, tal vez por el hecho de vivir o de volar. Un canto que llama a seguir la vida, a perpetuarse, algo pandémico, contagioso y que este año abruma más, después de un invierno tan húmedo y largo. Pero este momento es todavía más precioso, a juicio de Pla, porque es imposible no verlo en su infinita precariedad, porque no va a durar mucho. Toda esta belleza, esta dulzura del cielo, los verdes bruñidos, la luz casi transparente, todo pasará y quedará pronto arrasado por un sol feroz. Es una cosa fugaz, dice Pla ya perdidamente poético a su pesar. Fugaz como la juventud, como la vida entera, dice, antes de interesarse por una viña que el vecino está podando y que le vuelve a la realidad del día a día, a esa vía de escape en la que vivimos instalados.

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