Opinión

"Recuerdo uno de estos días claros, en Pascua, donde la atracción principal, cuando fuimos de excursión al mar, era la presencia de un delfín"

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Pedro Charro

Publicado el 19/04/2026 a las 19:00

Recuerdo uno de estos días claros, en Pascua, donde la atracción principal, cuando fuimos de excursión al mar, era la presencia de un delfín que tenía a todo el mundo pendiente. Saldrá o no saldrá hoy, se preguntaba la gente yendo de aquí para allá, escrutando el mar desde la balaustrada, contemplando la curva de la bahía, los edificios de colores y balconadas, el fuerte de Sokoa y la barra en la que chocaban las olas, el monte Jaizkibel difuminado al fondo, en el cercano sur desde el que venia un viento cálido, de verano, que lograba llenar las terrazas y la antigua pérgola que parece de otros tiempos, desde donde hay que mirar al mar al atardecer para intentar ver el famoso rayo verde, ese que a veces, en días limpios, luminosos, resplandece y clasusura el día, lo cumple con su destello, como ocurría en una película de Rhomer, una de esas en las que no pasa nada -hay quien dice que verlas es como ver crecer la hierba.

Y ese día, ya que no el rayo, que nunca dejamos de esperar, vimos de pronto salir del agua al delfín y hacer una pirueta entre los 'oes' de la gente, escoltado enseguida por algún bañista y por las tablas de surf que se le acercaban mientras él desparecía un buen rato y volvía a aparecer mas lejos, como si jugara al escondite, al tiempo que la gente cuchicheaba y sonreía en tierra.

Todos encontrábamos de pronto al niño interior que se sorprendía y señalaban el prodigio con el dedo; es curioso que en un mundo lleno de ofertas de gratificación constante, de estímulos y prodigios, donde todo es técnica y sucede en las pantallas, en el que lo virtual ha ganado la partida, un delfín que mueve su cola y se zambulle resulte ser el centro del mundo, y es como si el propio delfín fuese consciente de la expectación que levanta, y se mostrara aquí y alla durante apenas unos segundos, jugara al escondite, se exhibiera como una estrella en la pasarela sabiéndose único y superior a todo, haciéndonos el regalo de su gracia y finura un instante y enseguida, como un sueño, desparecer.

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