Editorial
Un preocupante deterioro ferroviario
Tres meses después de Adamuz, el Gobierno no es capaz de recuperar la confianza ni el prestigio del servicio, ni dar el justo aliento a las víctimas

Publicado el 19/04/2026 a las 05:00
Se cumplen ahora tres meses del terrible accidente de Adamuz, una de las mayores tragedias ferroviarias de nuestro país, cuando dos trenes de alta velocidad colisionaron a la altura de la ciudad cordobesa por causas que aún no han sido aclaradas con precisión por los gestores de Adif y el ministerio de Transportes.
Parece establecido que el descarrilamiento del tren Iryo se produjo tras fracturarse la vía, aunque persiste la incógnita del origen de la rotura y el momento exacto de la misma. Pero las familias de las 46 víctimas que piden responsabilidades, junto a cientos de miles de usuarios que exigen seguridad y puntualidad en el transporte, urgen el establecimiento de las conclusiones definitivas de las causas de la tragedia.
Sin embargo, más allá de la averiguación del origen del accidente, los gestores de la red ferroviaria tienen que hacer frente a la imagen de deterioro del transporte de Alta Velocidad en España que, durante décadas, ha sido considerado uno de los más seguros, puntuales y eficaces a nivel internacional.
La suspensión temporal en el neurálgico trayecto Madrid-Málaga, la sucesión de retrasos en los horarios contratados, el recorte en las indemnizaciones por demoras y el deterioro general de la calidad del servicio, ha encendido todas las alarmas sobre un segmento del transporte público que después de décadas de funcionamiento óptimo ahora genera temor y desconfianza.
A raíz del accidente de Adamuz se han destapado graves deficiencias, tanto en la renovación del material de las infraestructuras, como los efectos negativos de la coincidencia de trenes diferentes en la misma red viaria, así como el grave recorte de la inversión de un 67% desde la crisis financiera.
El resultado es que el retraso y las restricciones de velocidad se han instalado en la red ferroviaria española de manera que, en febrero, sólo el 35% de los AVE y largas distancias llegó en hora y el retraso medio subió hasta 20 minutos. Tres meses después de la tragedia, el Ejecutivo no ha sido capaz de recuperar, ni la confianza de los usuarios, ni el prestigio del transporte ferroviario, ni dar el justo aliento a las víctimas.
