Editorial

Hungría se resetea pero con dudas

Está por ver cómo Magyar gestiona su claro triunfo sobre un desgastado Orbán para reconducir la relación con Europa y enterrar el legado ultra que escoró el país hacia Rusia

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Editorial DN

Actualizado el 14/04/2026 a las 09:33

Fin de ciclo en Hungría, nuevo horizonte con Bruselas y aviso a navegantes del ala ultra. Parece de sentido común que Europa celebre bajo estas tres premisas los resultados electorales en aquel país que han enterrado la era en el poder de Viktor Orbán. 

Pero más que por la abrumadora victoria del opositor Péter Magyar, vital para que pueda resetear un sistema ‘tuneado’ en las dos últimas décadas por lo peor de los ‘ismos’ -populismo, antieuropeísmo y trumpismo-, lo ha hecho por la derrota sin paliativos de Orbán, una espina en el costado de la UE. 

Han sido demasiadas afrentas en sus 16 años de Gobierno, especialmente en dos puntos sensibles y con Rusia como protagonista indeseada: la obstinada negativa a descongelar el crédito europeo de ayuda a Ucrania y su indisimulada empatía con Vladímir Putin, en su temerario papel de delator de información confidencial europea al Kremlin. 

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Resulta comprensible que Ursula von der Leyen festejase el triunfo de Magyar como una oportunidad para que la Unión “se fortalezca”, aunque las incógnitas del nuevo líder húngaro sean aún de largo alcance. Por varios motivos. El gran vencedor de los comicios del domingo ha crecido políticamente a la sombra del ‘padre’ al que ahora ha aplastado en las urnas. Ha evitado durante la campaña posicionarse en debates delicados como el migratorio y la igualdad. Y comparte fondo ideológico con el primer ministro derrotado. 

Porque Hungría no ha cambiado tanto como da a entender el vuelco electoral. Todo el Parlamento está escorado hacia un lado, la derecha, representado por tres únicas fuerzas. Por tanto, convendría que la UE fuera prudente antes de echar las campanas al vuelo sobre la necesaria recomposición de relaciones con Budapest en busca de la ansiada unidad. 

De momento, las primeras declaraciones de Magyar apuntan en la buena dirección: “Rusia es un riesgo para la seguridad y Ucrania es la víctima de esta guerra”. Lo que sí parece claro es que el ‘modelo Orbán’ se ha agotado por el desgaste en el poder y que su ocaso es un serio varapalo para las aspiraciones de otros líderes ultras del continente.

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