El Rincón
Navarra, de las renovables a la colosal factura del petróleo
"La factura del petróleo suma 1.300 millones de euros al año en Navarra, una cifra que habla de lo que está en juego en esta crisis de precios"


Publicado el 29/03/2026 a las 05:00
La mayoría de los navarros está más atenta hoy al tiempo que va a hacer en la próxima Semana Santa que a la guerra de Irán. Es decir, lo cercano se come a lo importante como en otras muchas ocasiones. Sin embargo, conviene recordar que la guerra contra Irán de EEUU e Israel ha cumplido ya un mes. Sigue sin tener un final claro, a pesar de las bravuconadas de Trump, y mantiene bloqueado el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del crudo mundial. Un cuello de botella energético a nivel global capaz de generar muchos quebraderos de cabeza. Por supuesto, también entre nosotros. La subida de las gasolinas y la luz son sólo dos adelantos de lo que puede venir. El siguiente va a ser el precio de la cesta de la compra. Y aquí los bolsillos que van más justos son siempre los que peor parados salen.
La factura de la energía. Es cierto que la UE y España están mejor preparadas que en la anterior crisis energética, la causada por la invasión de Ucrania por Rusia. Y que Navarra lleva adelantada una ambiciosa apuesta por las energías renovables (eólica y fotovoltaica) que equivalen ya al 90% del consumo de electricidad en la Comunidad foral. Una apuesta sostenida en el tiempo desde hace décadas (nació allá por los años 90, de la mano de EHN) y apoyada por todas las grandes fuerzas políticas (de UPN al PSN), uno de los pocos consensos transversales a derecha e izquierda que ha vertebrado Navarra en todo este tiempo y generado empleo y riqueza a su alrededor. Pero a pesar de esta realidad, la factura del petróleo sigue siendo colosal. Un cifra la resume. El gasto en gasóleo y gasolinas es de unos 1.300 millones al año en Navarra (datos del Gobierno foral), que se desembolsan, sobre todo, en el transporte y la industrial. De ahí lo crucial del debate.
Medidas anticrisis. El Congreso ya ha aprobado el paquete de rebajas fiscales del Gobierno para paliar los primeros efectos de la guerra, en las gasolinas y en la luz. Y hasta aquí ha llegado la ofuscación de la política hoy. De nuevo, el Gobierno de Sánchez cuela un batiburrillo de normas por la puerta de atrás. Pero es evidente también que las grandes medidas que propone benefician a millones de personas por la vía de las rebajas fiscales, tal como pedía el PP. Pues Vox vota en contra y el PP se abstiene, igual que Podemos. Están pensando sólo en si eso puede ser un triunfo para el gobierno de Sánchez, pero menos en los ciudadanos. Mal asunto. Aquí, UPN ha sido más coherente, marcando además su propio camino. Si se está de acuerdo y es bueno, se vota sí. Sin complejos. Navarra anuncia sus propias medidas anticrisis, para las que habrá que esperar al miércoles. Veremos la ambición del tripartito en este terreno. Sectores como los transportistas o los agricultores están a la espera. Por cierto. ¿Se habrá planteado María Chivite consultar a la oposición sobre qué medidas añadir? Me temo que no. Pues es algo obvio que debiera hacer la presidenta del Gobierno en una situación como esta. De libro.
El paso de la Korrika. En la actualidad local, la Korrika ha dejado tras de sí una enorme polvareda política. Y con toda la razón. Separemos con claridad dos cosas: la promoción y la fiesta del euskera es una cosa y la exhibición de carteles de etarras en la carrera sin que ello suscite el rechazo unánime es otra muy distinta. Y lo segundo es el síntoma de una aberrante carencia ética. Es imposible defender el euskera desde el sectarismo. Una organización que no se inmuta ante la exhibición de imágenes del asesino etarra del edil Tomás Caballero en Pamplona y que veta en Euskadi a CCOO por considerarlo enemigos del idioma sólo habla de intolerancia y de fanatismo. Y, de nuevo, revela las carencias de EH Bildu, que sigue anclada en la incapacidad de condenar el terrorismo y sus asesinatos a la vez que busca reconvertirse en una fuerza política normalizada para ensanchar su espacio electoral y comerle el terreno al PSN, que es quien les ha blanqueado como socio preferente.
Actos como los denunciados hablan de una Bildu en bucle por su pasado más negro, sin el valor de dar un paso ético al frente. Un alcalde, Asiron, incapaz de condenar la exhibición del asesino etarra del padre de una compañera de corporación (María Caballero), revela a las claras sus carencias. Liderar exige coraje cívico, no cálculos electorales para no molestar a las esencias abertzales. Una realidad, tozuda, que debiera sonrojar también a sus socios del PSN, que le han aupado al poder. Ahora, igual que Geroa Bai, critican y se desmarcan con rotundidad de sus silencios. Sí. Pero la argamasa del poder compartido pesa hoy más que la coherencia de su pensamiento. Porque las palabras del Gobierno no van acompañadas de hechos, que son los que importan. Ni de gestos prácticos que marquen la raya de la decencia política. ¿De verdad es tan difícil plantarse y decir, hasta aquí? El poder no puede ser la razón única de la vida política.