Opinión
El estallido
Desde que se creó el Consejo de Paz de Trump, aproximadamente el 10% de sus miembros han iniciado guerras y prácticamente la mitad están involucrados en ellas

Actualizado el 01/03/2026 a las 10:54
El 19 de febrero, Donald Trump reunió en Washington a su Consejo de Paz con sus nuevos aliados y proclamó con gran satisfacción que había logrado la paz en Oriente Medio con el acuerdo de alto el fuego en Gaza. El hecho de que, sobre el terreno, no se estuviera respetando no parecía molestarle. Mientras estrechaba manos y se hacía fotos con dirigentes de los países comprometidos con su proyecto, ya estaba dando órdenes para lanzar una nueva guerra, precisamente en Oriente Medio, que puede hacer saltar en pedazos a medio mundo.
El presidente de Estados Unidos ya ha avisado a sus ciudadanos de que en esta campaña militar contra Irán podrían morir soldados. Esto ya no es una operación relámpago que termina en menos de 24 horas sin bajas estadounidenses, como la de Venezuela. Este es un conflicto internacional de consecuencias impredecibles.
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El pasado mes de junio, Estados Unidos se unió a Israel en una guerra relámpago contra Irán. La llamaron la guerra de los 12 días. En ese breve espacio de tiempo, el país de los ayatolás fue bombardeado sin descanso. Hubo ataques dirigidos a asesinar a científicos, militares y dirigentes políticos, y finalmente acudieron los bombarderos B-2 de Estados Unidos, que destruyeron las centrales nucleares de Irán, incluidas las construidas bajo tierra.
Entonces, Trump afirmó que el programa nuclear del régimen de los ayatolás había quedado totalmente destrozado. Los periodistas o políticos que se atrevían a preguntar por el grado de destrucción de esas instalaciones eran tachados de traidores por no aceptar la versión de la aniquilación total.
Y de pronto, el viernes pasado, el enviado especial de Trump para negociar con los iraníes, Steve Witkoff, dijo que los ayatolás estaban a una semana de conseguir material nuclear de suficiente riqueza para usarlo en armamento. Si la destrucción fue total, como argumenta Trump, eso supondría que, en menos de siete meses, Teherán habría conseguido reconstruir una central nuclear desde cero; un proceso que requiere años de trabajo. Y eso, con un país empobrecido por los bombardeos, sin científicos y haciendo frente a graves disturbios, aplastando la oposición popular con una enorme violencia que ha causado hasta 32.000 muertos.
En su primera aparición pública tras el ataque, Trump animó a los iraníes a levantarse contra el régimen de los ayatolás. Les dijo que están ante una oportunidad que no tendrán en generaciones. Es cierto que el régimen está muy debilitado por los bombardeos de junio, el empobrecimiento y las protestas de la población, además de la pérdida de algunos de sus aliados, como era el sirio Bashar el Asad, que fue derrocado y huyó a Rusia, y la organización Hezbolá en el sur de Líbano, que ha quedado decimada por los ataques israelíes. Le quedan los hutíes de Yemen, algunas milicias de Irak y Gaza.
El problema está en ver cómo reaccionarán ante este ataque dos potencias con las que Irán ha mantenido relaciones estratégicas y diplomáticas: Rusia y China.
Y para añadir dinamita a una situación explosiva, Pakistán, otro de los países miembros del Consejo de Paz de Trump, que tiene armas nucleares, se ha lanzado a la guerra contra Afganistán, que hace frontera con Irán. Así que los iraníes tienen la guerra de israelíes y estadounidenses que les llega por el oeste y otra guerra que se libra al lado de su frontera este.
Desde que se creó el Consejo de Paz de Trump, aproximadamente el 10% de sus miembros han iniciado guerras y prácticamente la mitad están involucrados en ellas.
Olga Brajnovic es periodista.
