Envido

¿Y si en Navarra el foralismo es más eficaz que los ladrillos para contener a Vox?

El partido de Abascal se siente cómodo en las coordenadas nacionales, pero no se maneja igual en determinados debates domésticos como el de la asunción de competencias

Parlamentarios de otros grupos, en el atrio de la Cámara mientras la pantalla proyecta la intervención en el salón de plenos del portavoz de Vox, Emilio Jiménez
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Parlamentarios de otros grupos, en el atrio de la Cámara mientras la pantalla proyecta la intervención en el salón de plenos del portavoz de Vox, Emilio JiménezJ.C.CORDOVILLA
Parlamentarios de otros grupos, en el atrio de la Cámara mientras la pantalla proyecta la intervención en el salón de plenos del portavoz de Vox, Emilio Jiménez

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Marcos Sánchez

Publicado el 23/02/2026 a las 05:00

Las palabras con mayor presencia en las declaraciones socialistas de los últimos tiempos están siendo ‘ultraderecha’ y algunos de sus esquejes. Reconozcámosles a los de Pedro Sánchez que imaginación para improvisar términos no les falta, ahora que lo que sí les faltan, cada vez más, son votos. Sin ir más lejos, la portavoz del PSOE, Montse Mínguez, salió al paso del batacazo electoral aragonés acusando al PP de “dar de comer y beber al gremlin de Vox”.

Se acordarán de los gremlins; del peluche que parecían en su estado original y de cómo se reproducían al mojarse y se transformaban en endemoniados reptilianos cuando comían después de la medianoche. Protagonizaron dos películas, en 1984 y 1990, y han resucitado ahora gracias a la política, que todo lo fagocita. Pero ¿a quién le interesa más que el achuchable Gizmo se convierta en el aterrador Stripe? ¿Quién está regando y alimentando a Vox de manera constante, no sólo a deshoras? ¿Cómo se explica que, con este gobierno “progresista” que el presidente Pedro Sánchez justificó como “el único muro contra las políticas de la ultraderecha”, el partido de Santiago Abascal crezca hasta la última noticia de duplicar escaños en Aragón? ¿Puede resultar creíble alguien que se erige en muro contra los mismos de quienes no deja de hablar? Ultraderecha por aquí, ultraderecha por allá. De ultraderecha han tildado por igual a los agrilcultores de las tractoradas protestantes que a los maquinistas de trenes en huelga. Donde hay un detractor hay un facha, parece que resumen el sanchismo y sus siglas aliadas.

Como ya no tiene triunfos que celebrar, el PSOE se consuela con los de Vox porque necesita que la extrema derecha lime a la derecha sin prejifo, es decir el PP. Para los socialistas, claro está, Alberto Núñez Feijóo también es ultraderecha porque ha llegado o llegará a pactos con Vox. Según esta lógica, ¿qué son María Chivite y el propio Sánchez por hacer depender sus gobiernos de la ultraizquierda independentista incapaz de condenar la sangría de ETA? Por su parte, Vox se limita a abrir la boca cuando viene la cuchara. Le están haciendo el trabajo. Arrojar sobre la mesa la regularización de inmigrantes sin una argumentación sólida y un esfuerzo didáctico va en esa línea. La formación de Abascal se siente cómoda en las coordenadas nacionales, pero no se maneja igual en determinados debates domésticos como el de la asunción de competencias. Así se entienden sus exabruptos contra UPN (“nacionalistas”, “iniciativa separatista”, “se enroscan más la boina”...) por pedir una gestión conjunta Navarra-Estado del aeropuerto. Perdonen la intuición: ¿y si en Navarra el foralismo, frente al que ya acabaron desmayados antes otros partidos de nueva ola, es más eficaz que los ladrillos para contener a Vox?

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