Opinión
"Otra estrategia de Trump son los pleitos millonarios contra las grandes cadenas de televisión, con los que ha conseguido cambiar programaciones y líneas editoriales"
"el presidente ha puesto en el mismo nivel los hechos, la ficción, la locura, el engaño, las imágenes creadas por inteligencia artificial y la más burda propaganda mientras descalifica con insultos y desprecio cada día a los medios de comunicación"

Publicado el 19/02/2026 a las 11:32
Hace algo más de 50 años, dos periodistas de la sección local del Washington Post destaparon un escándalo de escuchas ilegales en el complejo de Watergate que acabó hundiendo al presidente Nixon. Un hito en la historia del periodismo. Ahora las mesas de la redacción local están vacías. Jeff Bezos, el multimillonario que compró la empresa editora en 2013 y hace todo lo posible para contentar al presidente Trump, acaba de echar a la calle a 300 de los 800 periodistas del rotativo, después de imponer una serie de directivas que marcan una nueva línea editorial.
Todo esto llega en un momento en el que la presión sobre los reporteros para intimidarles o impedir su trabajo es cada vez más fuerte. Durante la campaña electoral de 2024, Donald Trump no se cansaba de señalar a los reporteros que cubrían sus mítines, llamándolos “fake news” (noticias falsas). Las noticias “verdaderas”, decía, había que buscarlas en su red social llamada “Truth Social” o “Verdad Social”. Allí, Trump ha publicado desde los nombramientos de su gobierno o la decisión de bombardear a otro país, junto con vídeos de sí mismo coronándose como emperador o de su predecesor Barak Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos, con cuerpo de mono bailando en la selva. De esta manera, el presidente ha puesto en el mismo nivel los hechos, la ficción, la locura, el engaño, las imágenes creadas por inteligencia artificial y la más burda propaganda, mientras descalifica con insultos y desprecio cada día a los medios de comunicación que procuran investigar los hechos, contrastar la información, comprobar las fuentes y ofrecer información independiente de manera profesional.
Ya en la Casa Blanca, el presidente Trump y su portavoz, Karoline Leavitt, continuaron con esta campaña de desprestigio de la prensa. Muy pronto decidieron expulsar del despacho oval a la agencia Associated Press por negarse a llamar al Golfo de México "Golfo de América", como lo había decretado Trump.
En las ruedas de prensa, las respuestas a cualquier pregunta que no fuera laudatoria para el presidente eran insultantes o de un marcado desprecio. Y no había reacción, porque nadie quería perder el acceso a la fuente de noticias que es la Casa Blanca.
En el Pentágono, el nuevo secretario de Defensa, Pete Hegseth, pretendió imponer a los periodistas la prohibición de buscar cualquier información sobre asuntos militares que no fuera la que él les diera y la obligación de publicar únicamente la información que él les diera. Es decir, trabajar al dictado. Todos los corresponsales acreditados, menos uno, se negaron. Ahora las ruedas de prensa del Pentágono las siguen “influencers” de extrema derecha y canales de televisión tan peculiares como “MyPillowTV” o “MiAlmohadaTV”.
El FBI entró a mediados de enero en el domicilio de Hannah Natanson, del Washington Post, para llevarse documentación y dos ordenadores portátiles (el personal y el del periódico). Estaba investigando algo relacionado con un contratista del Pentágono. No le han podido acusar de nada, pero le han quitado sus medios de trabajo y todos los datos que había recopilado sin permiso del gobierno, es decir, actuando como periodista independiente en una sociedad libre.
Otra estrategia de Trump son los pleitos millonarios contra las grandes cadenas de televisión, con los que ha conseguido cambiar programaciones y líneas editoriales.
Un caso muy claro es el de la CBS. Trump le puso un pleito de 20.000 millones de dólares por los perjuicios que, según él, le causó una entrevista a su rival en las elecciones Kamala Harris, a pesar de que Harris perdió y él ganó. Pero en ese momento, por encima de CBS, había intereses más importantes: la fusión de Paramount y Skydance, que Trump podía paralizar. Así que Paramount, la empresa madre de CBS, forzó a la cadena a firmar un acuerdo que se saldó con el pago de 16 millones. Desde entonces, han cancelado el programa del cómico Steven Colbert, que era una pesadilla para el presidente; han nombrado jefa editorial a Bari Weiss, que supone un giro radical hacia posiciones favorables a Trump, se han censurado programas de investigación; y han salido de la cadena periodistas y presentadores.
Por último, Gallup, que desde hace 90 años lleva a cabo encuestas sobre la popularidad de los presidentes de Estados Unidos, acaba de anunciar que dejará de hacerlo. Su último resultado sobre Trump es uno de los peores de la historia: no supera el 36%
Olga Brajnović. Periodista