Obituario
"Se nos ha ido el alcalde pamplonés más imaginativo, vitalista e impulsivo que yo haya conocido"
"Cuando Alfredo Jaime alcanzó la alcaldía del Ayuntamiento de Pamplona, quienes le habíamos conocido como concejal de UCD, ya sabíamos de su amor y cariño por la ciudad"

Publicado el 08/02/2026 a las 18:42
Ha muerto Alfredo Jaime, y lo que sobre él ha escrito uno de los mejores cronistas municipales que sobre Pamplona ha habido, el periodista José Miguel Iriberri, y que además es uno de los mejores amigos del fallecido, es, para mí, como “ir a misa”. Permítase con todo completar lo que él ha escrito y decir, que, con la muerte de Alfredo, se nos ha ido el alcalde pamplonés más imaginativo, vitalista e impulsivo que yo haya conocido, y los he conocido y tratado a todos, desde 1975 y más desde 1977. Y, conocer y tratar a Alfredo, pues, todavía varios años antes de llegar la democracia a nuestros país y ser él alcalde, cuando pocos sabían de su figura, salvo (aparte amigos y conocidos del Oberena) sus compañeros de trabajo en “Industrias Esteban” de Pamplona, la empresa a cuyo frente estaba el empresario y expresidente de la CEN el santacarés José Antonio Ibiricu; compañeros, amigos y buenos conversadores con él y como él, me consta, como mi suegro, el “oteizano” José Antonio o Pepe Esparza, que fue quien me lo presentó en 1975, a poco de conocer yo a su hija, María Fernanda, con la que me casé, o, cito un par más, el olitense Edmundo y el pamplonés Ángel Remacha, destacado oberenista como Alfredo y futbolista de la que vino en llamarse con José Luis Goñi Romero como entrenador “la primera navarrizacion de Osasuna”.
Gracias a cuya presentación, aquella que mi suegro me la hiciera, entre otras, Alfredo Jaime, y un gran amigo suyo como el siempre recordado Tomás Caballero, podrían reencontrarse conmigo militando en UCD (Unión de Centro Democrático) y yo ya como diputado constituyente. Ya para entonces, ambos, desde hacía años, Alfredo y yo, con idénticos gustos futbolísticos, más allá de su Oberena y mi Sporting melides: Osasuna y Real Madrid. Cuando Alfredo Jaime alcanzó la alcaldía del Ayuntamiento de Pamplona, quienes le habíamos conocido como concejal de UCD, ya sabíamos de su amor y cariño por la ciudad, y, a su vez, de sus posibilidades para afrontar la gran labor que, al cabo, haría e hizo en la ciudad, y cuya descripción ya se ha narrado y destacado con extensión en este mismo medio.
Con todo, una labor y una obra la de Alfredo, no le quepa la menor duda a nadie, que pudo ser mucho más rica y amplia y extensa en el tiempo, porque fuerzas y capacidades para ello no le faltaban, de no haber sido (como ya en el mismo momento lo denuncié, en el órgano correspondiente y menuda la que me cayó) por los enormes obstáculos y las enormes trabas que a las mismas, la labor y el trabajo de Jaime, se le pusieron desde dentro de su y mi propio partido (ahora no lo dirá nadie, pero, yo, sí, en defensa de la memoria de Alfredo), con, incluso, ignominiosas acusaciones personales de por medio y, todavía más grave, como luego los tribunales lo dejarían claro, sin pruebas evidentes; pero acusaciones que se dejaron “correr” y fueron aventadas con complacencia por -entonces- algunos mandones.
Ninguna duda, por ello, que, a Alfredo Jaime, se le sustrajo la oportunidad de, como alcalde de Pamplona (1991-1996), disfrutar intensamente de ella, como a él le hubiera gustado, y, a su vez, de trabajar mucho más que lo que lo hizo como tal (1991-1996) por su ciudad; según me lo confeso en cierta ocasión en sus últimos años, “su máxima aspiración política y que tanto le había costado lograr”. “¿No aspiras a nada más, Alfredo? “¿Te parece poco lo conseguido, Pedro?”. Aunque luego continuaría como parlamentario foral, le creí y creí que se daba por satisfecho con ello. Ambos éramos o somos de una generación de políticos hechos desde la creencia, la vocación y la oportunidad, desde abajo, y que a base de esfuerzos y capacidad pudimos ir sorteando los múltiples obstáculos que se nos fueron presentando, algunos desde dentro de la propia casa partidaria, y, los dos, como otras, por supuesto, personas que supimos “llegar a donde lo hicimos, saber apreciarlo y valorarlo y agradecerlo y, cada cual a su manera, saber estar”.
Como Alfredo, por cierto, supo estar en mi pueblo y con mi cuadrilla en nuestro pipero o pipote cuando, en presencia del que fue gran alcalde de Mélida Javier Estarriaga y de otro destacado de la política como el entonces alcalde de Fustiñana José Antonio Gayarre y presidente desde 1983 de la Junta de las Bardenas, un día de agosto de nuestras fiestas mayores, cenando, se habló y dio el okey oficioso, bendito okey como ha quedado demostrado con los años, a la puesta en marcha (como se haría) del “Día de las Bardenas”. En fin, a partir de ya, seguro que Alfredo vuelve a rearmarse anímicamente y en “el más allá”, hasta convence a Dios, en el que creyó firmemente, para que le confiera alguna responsabilidad, que mandar y organizar le gustaba y gustará, con la que disfrutar; completando, así, lo que aquí algunos no se lo permitieron, disfrutar como alcalde ni menos que de Pamplona, su ciudad.
Estoy seguro que lo conseguirá; sin que esa vez le sea necesario, que Dios todo lo ve, ¿eh, Alfredo?, y, dentro de la tristeza, dicho sea con el mejor de los ánimos, de colarle al Señor nada, como aquí en unos Sanfermines, “en otro de sus buenos momentos”, como él mismo me calificó el hecho, lo hizo con el presidente de una corrida, colarle en el palco presidencial un pañuelo para conseguir que le concedieran una oreja más al torero de turno. Como digo, a él, ahora, no le hará falta nada de ello. En el más allá, Alfredo Jaime Irujo, un creyente en Dios, un hombre alegre, un navarro de peso ya inolvidable, un excelente marido, un excelente padre y un excelente amigo, conseguirá lo que se proponga. D.E.P., y, en representación de muchos otros que me han hecho llegar sus condolencias por su muerte, nuestros más sinceros pésames a todos los familiares de Alfredo, mujer a la cabeza.
Pedro Pegenaute Garde. Diputado Constituyente y compañero de partido de Alfredo.