Opinión
"Ahí es donde hay que poner la esperanza y el dinero, no en capullos de gusano"
"Que se lo digan a los investigadores mal pagados que pelean contra verdugos sigilosos con presupuestos paupérrimos"

Publicado el 07/02/2026 a las 05:00
Leí la biografía de Marie Curie con diez años, devorándola bajo las sábanas. Recuerdo su nombre de soltera: María Sklodowska. Quise ser ella: inteligente, fuerte, entregada. Quise llevar el pelo recogido en un moño y una bata abotonada hasta el cuello. Quise esa tenacidad, ese fuego interior que mueve montañas o, al menos, compuestos radiactivos. Quise tener un empeño en la vida y un lugar al que pertenecer, aunque fuera un laboratorio. Pero la vida es un chiste. Me estrellé con la física y las matemáticas, y acabé quemándole la mano al profesor de química con ácido clorhídrico en un experimento fallido. Total, que la ciencia perdió una esclava y el periodismo ganó otra. Si no se sacan cuartos dándole a la tecla, menos todavía mirando por el microscopio. Que se lo digan a los investigadores mal pagados que pelean contra verdugos sigilosos con presupuestos paupérrimos.
Mientras, la charlatanería asesina campa a sus anchas. Se aprovecha de que, cuando el trueno retumba, no solo te acuerdas de Santa Bárbara, sino que te agarras a alineaciones de chakras, a pócimas de hierbas amazónicas y hasta a elixires mágicos hechos con capullos de gusanos de seda. Capullo el tío que se lo vendió a mi padre, que quiso creer en un último milagro y lo compró para mi madre. Se murió igual, pero con la piel de porcelana, eso sí. Vimos, vivimos, todo aquel dolor. A ella la mató un cáncer que hoy previene la vacuna contra el virus del papiloma humano. Por eso me recomen hasta el tuétano los chamanes, los bebelejías y los antivacunas, la siniestra trinidad de la ignorancia. La ciencia real no promete paraísos, pero intenta alcanzarlos. Ahí es donde hay que poner la esperanza y el dinero, no en capullos de gusano.