Opinión
Trance crítico para el orden mundial
"El aturdimiento de Europa ante el avance de la nueva estrategia de Trump la enclaustra en su trinchera, con España sin una posición de Estado. El Rey defiende el orden global basado en normas"

Actualizado el 07/01/2026 a las 08:08
El paso de los días y la cadena de decisiones adoptadas en exclusiva por la Casa Blanca de Donald Trump sobre el presente y el futuro inmediato de Venezuela están despejando las intenciones de largo alcance de un derrocamiento de Nicolás Maduro cuya onda expansiva parece proyectarse más allá. Tanto como para señalar, con un solo y fulgurante golpe de mano rebasador del Derecho Internacional, a Colombia y a Cuba en la región; para amedrentar un territorio tan sensible para las soberanías compartidas de los europeos como Groenlandia, y ante el que los grandes líderes del Viejo Continente cerraron filas ayer con Dinamarca; y para estrechar aún más el margen a la Ucrania de Zelenski. La operación estadounidense para hacer caer al líder de un régimen tan abyecto como el chavista ha sustanciado en apenas unas horas el paradigma Trump: una estrategia de hechos consumados que mezcla el personalismo sin filtro de su líder con una priorización desacomplejada de los intereses de Estados Unidos.
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La presidencia de Delcy Rodríguez representa la supeditación del anhelo de democracia a la pulsión de la Administración estadounidense por extender el iliberalismo. Lo ha resumido con toda elocuencia -refiriéndose a las ansias expansionistas sobre Groenlandia, pero lo mismo da- Stephen Miller, asesor del presidente: “El mundo se rige por el poder”, no por “las sutilezas”. Un terreno de juego inhóspito para la UE no solo porque elimina las imprescindibles balizas de la legalidad internacional -“las normas” que defendió ayer el Rey, en la Pascua Militar, ante “la amenaza creciente que llega al corazón de Europa”-; también por la resistencia histórica, tras el trauma colectivo de las dos guerras mundiales, a hacerse cargo de su propia seguridad y convertirse en un actor que también cuente en la defensa sin pretensiones belicistas, con independencia de los requerimientos de EE UU. El aturdimiento de la Unión la enclaustra en su trinchera. Y la quiebra del entendimiento político en España impide fijar una posición de Estado ante un trance cada vez más crítico que nos interpela.