Editorial
De bruces contra la justicia
Cuando la prisa y la ideología marcan el pulso regulatorio, como en el complemento de la pensión contra la brecha de género, los resultados suelen ser desafortunados

Publicado el 27/12/2025 a las 05:00
Se confirma la derrota legislativa del Gobierno. En 2021, aprobó por vía de urgencia el llamado “complemento por brecha de género”, mediante el cual concedería una ayuda automática a las mujeres (en 2025, de 35,90 euros mensuales por hijo, con un máximo cuatro hijos), que se sumaría a las demás pensiones contributivas (como las de jubilación, incapacidad o viudedad). El complemento tenía por objeto compensar el impacto que la maternidad tenía en las carreras profesionales de las madres.
Es cierto que la nueva medida también preveía la posibilidad de que los hombres accediesen a dicho complemento, pero, en la práctica, resultaba casi imposible reunir las condiciones exigidas para ello. El complemento se mantuvo operativo durante más de cuatro años, hasta que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea declaró en mayo que resultaba discriminatorio para los hombres.
Tras la publicación de la sentencia, la Seguridad Social se vio obligada a reconocer esta ayuda también a los hombres, y en las mismas condiciones que a las mujeres. Sólo unos meses después, el complemento por hijo ya se concede de forma mayoritaria a los padres, lo cual se ha traducido en dos consecuencias directas. Primero, y al contrario de lo que pretendía, ha agrandado la brecha de género. Segundo, ha incrementado en un 6% el presupuesto anual de la Seguridad Social, al tener que hacer frente a un número considerablemente mayor de prestaciones.
Dadas las circunstancias, el Gobierno trabaja ahora en el diseño de un nuevo complemento, pero todavía no está claro cómo va a lograr sortear los criterios impuestos por Bruselas. Igual que sucediera con la famosa ley del ‘sólo sí es sí’, las prisas y la ideología se interpusieron en la práctica legislativa y los resultados fueron desastrosos. La moraleja es clara: ni las prisas ni la ideología son buenas consejeras. El Parlamento, como institución que representa la voluntad popular, debe aspirar a ser ejemplo de consenso y rigurosidad. Los últimos años han sido, desgraciadamente, una muestra de lo contrario. Por ello no sorprenden estas meteduras de pata.