Amigos millonarios
Mientras la población de EE UU ve cómo los precios suben, el tren de vida que exhibe el presidente está empezando a resultar escandaloso

Actualizado el 20/11/2025 a las 23:22
Donald Trump recibió esta semana en Washington a Mohamed Bin Salmán, el príncipe heredero y gobernante de facto de Arabia Saudita, con todo tipo de honores. Es su amigo y su familia está haciendo negocios sustanciosos con él. Esos son los criterios que parecen marcar la diferencia entre la alfombra roja y la puerta de atrás de la Casa Blanca. No importa que el invitado haya sido señalado por la CIA como culpable del asesinato del columnista del Washington Post Jamal Khashoggi, cuyo cuerpo fue troceado para hacerlo desaparecer, o que millones de estadounidenses consideren que el país árabe tiene algo que ver con los atentados de las torres gemelas. El mero hecho de preguntar sobre el asunto es, para Trump, una insubordinación intolerable por parte de la periodista que se atrevió a hacerlo y un motivo para quitarle la licencia de emisión a su cadena de televisión.
El príncipe árabe se quedó a cenar. Entre los invitados de Trump, más amigos millonarios: directivos de compañías tecnológicas, de inteligencia artificial, de Wall Street, de criptomonedas y, por algún motivo, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el futbolista Cristiano Ronaldo. El mundo del dinero acude al tarro de miel del poder de Trump cada vez que se presenta la oportunidad, y el presidente está dando muchas, porque le conviene. Según Forbes, la fortuna de Trump ha aumentado en 3.300 millones de dólares en sólo un año y, con ello, ha avanzado más de 100 puestos en el ranking de las mayores del mundo. Otras fuentes indican cantidades más “modestas” (1.700 millones) o incluso superiores. En cualquier caso, hay acuerdo en que el dinero está entrando a chorros en sus cuentas. En los últimos meses, su firma, dirigida por su hijo Eric, ha anunciado hasta once proyectos inmobiliarios de lujo en países árabes, Vietnam, Indonesia, India y las Maldivas, de la mano del magnate árabe Dar Al Arkan.
Quizá sea por eso que el presidente de Estados Unidos tiene más interés en visitar Oriente Medio y Asia que en lo que pasa en Europa, donde los proyectos inmobiliarios que tenía no han prosperado. Y mientras la población más desfavorecida de Estados Unidos ve cómo los precios suben y las ayudas sociales se reducen, el tren de vida que exhibe el presidente y con el que obsequia a sus amigos está empezando a resultar escandaloso incluso en una sociedad en la que el capitalismo está bien visto.
Cuando su gobierno argumentaba que no había fondos para alimentar a 40 millones de personas en las colas del hambre, Trump organizaba fiestas para ricos en su mansión de Florida con bailarinas, cantantes, disfraces, esculturas de hielo y bufés de mariscos. Mientras se daban órdenes para que los soldados fueran a los bancos de alimentos porque no les iban a pagar el sueldo, el presidente se dedicaba a publicar hasta 26 fotos de la remodelación de un cuarto de baño de la Casa Blanca con mármol, grifería dorada y una araña de cristal y oro encima del retrete. Y para qué hablar de la demolición del ala este para construir un gran salón de baile con columnas doradas y lámparas de cristal. En algún momento tiene que llegar el choque con una realidad en la que no hay oro ni mármol, sino deudas a final de mes. Ya se han producido manifestaciones de protesta, resultados electorales adversos y algún que otro revés político. Queda por ver cuál es la medida del desgaste del poderoso Donald Trump.
Olga Brajnovic es periodista