Ábalos y Koldo lo manchan todo
Pese a esquivar de momento la cárcel, la decisión de mantener en libertad a los hombres fuertes del sanchismo apenas da un respiro al PSOE por la contundencia de los indicios de delito conocidos

Actualizado el 17/10/2025 a las 12:37
La decisión del juez Leopoldo Puente de mantener en libertad a José Luis Ábalos y a quien fuera su hombre para todo, Koldo García Izaguirre, puede dar un leve respiro al exministro de Transportes y al Gobierno de Pedro Sánchez, pero la solidez de los indicios de delito que pesan sobre ellos les mantienen a las puertas de Soto del Real.
Aunque hayan esquivado la cárcel, el magistrado del Supremo se confiesa sorprendido por la situación parlamentaria de Ábalos: conserva su escaño en el Grupo Mixto después de su expulsión del PSOE, a pesar de la gravedad de las imputaciones. El manejo de grandes cantidades de dinero opaco, las grotescamente llamadas “chistorras” en sus conversaciones con su antiguo chófer y exportero de club de alterne, agrava las sospechas de que se haya podido lucrar con mordidas a cambio de contratos públicos, además de cuestionar el control contable de Ferraz.
El presidente se puede escudar en haberles apartado de las filas socialistas y defender la “decencia” de las siglas. También en su intento más o menos burdo de desviar la atención sobre los pagos en metálico aduciendo a la costumbre socialista de reintegrar sobre en mano los gastos debidamente justificados. Pero ya no cuela.
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La lucha por el relato que tanto ocupa y preocupa a los dirigentes del PSOE hace tiempo que se perdió ante la mayoría de la opinión pública. Por la contundencia de las investigaciones realizadas y por la zafiedad que emana de las pruebas conocidas. A día de hoy el llamado caso Ábalos/Cerdán/Koldo lo mancha todo: el discurso feminista, la transparencia, la lucha contra la corrupción y el buen gobierno.
Y cuanto más avanza la UCO y se conoce la profundidad de los tejemanejes, más sonrojante como mínimo resulta que Pedro Sánchez delegara su confianza en él y en Santos Cerdán. Ya sólo por eso, un dirigente con un mínimo de ética haría tiempo que hubiera asumido responsabilidades para ponerse en manos de los electores.