El poder de la formación

Publicado el 11/10/2025 a las 05:00
El mes de septiembre se caracteriza por el protagonismo de la formación. Se inaugura el curso en los diferentes niveles educativos, desde la educación primaria hasta la formación superior en las universidades. Contamos con 116.123 alumnos que se incorporan a los circuitos educativos en este curso escolar. 2.290 ingresan en la Universidad Pública de Navarra. Sin embargo la formación va mucho más allá que la definida como formación formal que se recibe en la primera parte de la vida.
El hombre debe estar, durante toda su vida, en formación permanente, más allá, incluso, de su periplo laboral. La formación le otorga capacidad para juzgar lo que pasa en su entorno y para actuar en él. Va contra su dignidad estar sometido, sin alternativa, al pensamiento y las ideas de los otros. La sociedad ha consagrado la figura de “las personas más influyentes”. Las redes difunden los nombres de las 100 personas que más condicionan los comportamientos de determinados grupos de ciudadanos: adolescentes, jóvenes. Pero también de personas mayores, cuando se trata de ideas políticas o religiosas. Contra este servilismo, el mejor remedio es la formación continua.
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En el mundo laboral, la formación continua es necesaria para adquirir nuevas competencias, adaptarse a los constantes cambios de las tecnologías y participar en los cambios en las relaciones laborales. El trabajador ya no es o no debe ser una persona que cumple órdenes y que ejecuta lo que otros le dicen. Él conoce perfectamente su puesto de trabajo, intuye cómo mejorar su rendimiento y qué cosas podrían modificarse para un mejor desempeño. En la década de los noventa se impusieron los modelos de producción japoneses. El taylorismo basado en la división del trabajo y en el protagonismo de las tareas que convertían al trabajador en un eslabón, fácilmente intercambiable, de la cadena de producción, fue dejando paso al toyotismo, al trabajador gestor de su puesto de trabajo.
Por otro lado, las empresas introducen constantemente nuevas tecnologías que aumentan la productividad, mejoran la calidad, reducen los tiempos de producción y disminuyen los errores. Estas tecnologías requieren nuevas capacidades de los trabajadores y provocan cambios organizativos. En consecuencia, demandan un trabajador de perfil diferente. Por eso la formación continua se convierte en un factor imprescindible en este proceso. Entre los agentes más importantes de la formación se encuentran las religiones. Las reuniones de los creyentes en las ceremonias religiosas constituyen una escuela permanente de formación, donde los sacerdotes tratan de que ajusten los comportamientos diarios a las exigencias de la religión. La prensa que leemos a diario nos transmite diariamente los valores de su línea editorial.
Los alemanes, pioneros en la humanización de las relaciones laborales, han reservado definitivamente un día en el mes de septiembre dedicado a la formación. Este año lo han hecho con el eslogan: “La formación continua es prioritaria para configurar conjuntamente el mañana, con las cualificaciones del futuro”. El reto contiene dos elementos imprescindibles: prioridad de la formación y apostar por las nuevas cualificaciones que se derivan de la introducción de tecnologías de la información y de la comunicación.
Los empresarios y sindicatos navarros, conscientes de esta realidad, en los convenios colectivos dedican siempre un apartado a la obligatoriedad de las empresas de organizar cursos de formación o facilitar que los trabajadores participen en cursos que imparten el gobierno navarro, los mismos sindicatos y la CEN y otras entidades especializadas en formación continua.
Ahora bien, sería un error reducir la necesidad de la formación continua a las empresas, al desarrollo profesional y a la mejora en la competitividad. Más allá de los entornos de trabajo, vivimos en una sociedad de constantes cambios en los que debemos participar activamente y que también debemos controlar y dirigir, mediante la formación, si queremos “configurar conjuntamente el mañana”. No mediante la imposición, sino mediante la participación.
Estamos viviendo unos momentos difíciles en España. Muchos de nuestros políticos carecen de capacidad para admitir sus responsabilidades y obrar en consecuencia. Cualquier jefe de gobierno en Europa hubiera dimitido por dignidad si alguien de su entorno familiar más próximo se viera implicado en alguna irregularidad. Nadie puede creer que el jefe del gobierno, el sr. Sánchez, desconociera las supuestas irregularidades legales de su mujer. En este sentido hace tiempo que debiera haber dimitido, en lugar de convertir al gobierno en un baluarte de defensa. Pero hace falta, igualmente, que el ciudadano tenga la suficiente formación para valorar estos hechos con autonomía y actuar en consecuencia. Si queremos ser libres en una sociedad de tantas incertidumbres y manipulación de la información, necesitamos de la formación continua, una formación que nos proporcione elementos para evaluar los hechos que suceden en nuestro entorno, sobre todo, cuando tienen alguna relación con los valores de nuestra vida y con los valores de la democracia. Una formación que nos permita contrastar nuestro pensamiento y nuestras ideas con las ideas y programas de convivencia que nos ofrece la sociedad, principalmente a través de los partidos políticos.
Luis Sarries Sanz. Catedrático de Sociología.