Cómo sumar bienestar a la vida

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María Luisa Sanz de Acedo

Publicado el 02/10/2025 a las 05:00

Qué interesante resulta colaborar activamente con el propio bienestar, es decir, intentar sentirse bien aunque pueda convivirse con dificultades, sean físicas, cognitivas, emocionales o sociales, evitando así el riesgo de padecer un malestar psicológico mayor. Por ello, en este artículo no comentaré los esfuerzos de gobiernos e instituciones por impulsar el bienestar saludable de la población, sino que me centraré en las actitudes y hábitos personales, en lo que podemos hacer la mayoría de las personas jubiladas para vivir en una situación de aceptación, de alerta y de satisfacción cuando nos enfrentamos a las exigencias del funcionamiento cotidiano. En tal sentido, conviene tener siempre en cuenta que las destrezas que declinan pueden entrenarse.

Un primer aspecto básico es vigilar la salud física ejercitando la movilidad del cuerpo de forma regular y coordinada con estiramientos adaptados o con otras aficiones, tales como natación, baile, yoga y paseos. Actividades que al exigir cierto esfuerzo aumentan el flujo sanguíneo en todo el cuerpo y mantienen la figura en buenas condiciones, que no está mal. Efectivamente, la acción motora desempeña un papel crucial en la prevención de diversos trastornos, y al respecto, en algunos casos, se la considera con efectos tan o más beneficiosos que los tratamientos farmacológicos. Al igual, cuidar la alimentación seleccionando nutrientes suficientes y variados; y el sueño, que ha de ser lo más relajado posible. El hecho de prestar atención prolongada y consciente a lo que ejecutamos cada día propicia la salud de la mente y también la del cuerpo; por ejemplo, y generalizando, escuchar música, ver la tele, ordenar y asignar lugares fijos a los objetos del hogar, planificar tareas y recordarlas y anotar citas o eventos donde acudir. Si además practicamos la lectura comprensiva y detenida, la realización de cálculos u operaciones matemáticas, la escritura de ideas personales y el aprendizaje de algo nuevo se mantienen con más fuerza el control cognitivo, la memoria y el pensamiento. Si no priorizamos ni organizamos unos y otros modos de proceder podemos experimentar un progresivo deterioro que terminará afectando nuestro bienestar y nos conducirá a un desempeño automático y apático.

Llenar la vida diaria de cosas que nos interesan, de pilares que nos hagan sentirnos activos, vigorosos y entusiastas y que fomenten en nosotros emociones positivas, tales como la alegría, el amor, la gratitud y el buen humor, es primordial. Estas vivencias nos alejan de la tristeza, de la soledad no deseada, del miedo a la incertidumbre del futuro, del desánimo, en una palabra, de los síntomas ansioso-depresivos. Para ello, necesitamos un entorno cercano de apoyo, de confianza y de protección. Encontrarse emocionalmente tranquilo, con espíritu amable y servicial es un aspecto relevante del envejecimiento admirable, de gran valor subjetivo.

Otro pilar importante es la comunicación, los vínculos que nos unen a otras personas. Con ellas compartimos experiencias pasadas y actuales; con ellas intercambiamos opiniones y planeamos ocupaciones recreativas y culturales según las épocas. Estos encuentros generan proximidad emocional, ganas de ayudar a los demás y deseos de acompañarse mutuamente. Mantener relaciones sociales constructivas con todos, por consiguiente, es determinante, y a ello tendemos, pues desde que nacemos estamos inmersos en múltiples colectivos, a pesar de los avatares de la vida.

Terminamos estos pasos con la corona del recorrido: buscar y dar significado, sentido, a nuestra vida entregándonos al entorno familiar, a los amigos, al ocio, al voluntariado o a la propia espiritualidad. Es el pilar esencial para superar los desafíos personales. Lo alcanzaremos con momentos de reflexión y con una visión esperanzadora de uno mismo y de la sociedad. La ilusión por sumar calidad a la vida, por envejecer superando las limitaciones de la edad constituye un gran reto, el cual demanda, a veces, una voluntad fuerte de superación y una gran dosis de constancia para responder lo mejor posible a los vaivenes que puedan tenerse y al cansancio que supone el desempeño de tareas que implican autonomía personal. En fin, promover en nosotros las fortalezas que muchos expertos atribuyen a las personas mayores como son su caudal de sabiduría, gran ternura, rica experiencia, generosidad desinteresada y libertad de elección aportan tranquilidad, seguridad y contento. Que las interacciones entre la actividad física, la praxis cognitiva, la armonía emocional y la participación social tengan efectos favorables en nuestro comportamiento y en la propia salud y nos otorguen un autoconcepto positivo y perseverante. Optimicemos el dicho que sigue siendo actual: “mente sana, cuerpo sano”.

María Luisa Sanz de Acedo Lizarraga. Catedrática de Universidad en Habilidades del Pensamiento y de la Creatividad.

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