Udaleku

Actualizado el 30/09/2025 a las 23:32
Se viene octubre con los ecos del udaleku o campamento de verano (con perdón) de Bernedo en Álava en la que metieron a los críos en un Woodstock de antiespañolismo nudista y queer del que salían directamente al diván del psiquiatra y a la comisaría a la que han acudido varios padres. También acudieron en años anteriores, pero los juzgados no incoaron diligencias previas con esos atestados porque en este país estábamos a ver si era delito mirar demasiado tiempo a una mujer en el bus, si era violencia la talla treinta y ocho que me aprieta el heteropatriarcado, los bikinis en la playa y por supuesto los piropos. Digo que, mientras todo esto sucedía, en el campamento de Bernedo, las duchas eran mixtas para no categorizar los cuerpos de distintas identidades, los propios monitores hacían uso de ellas junto a los participantes, uno de ello cocinaba en bolas y para acceder a la comida, les hacían chupar del dedo del pie de uno de ellos. La asociación que lo organiza estaba capitaneada por un pirado trans traumatizado por no sé qué acosos en su infancia y que en sus bertsos juraba venganza contra el sistema heteronormativo, y vaya si la obtuvo.
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Para rematar, se quemaba la bandera de España en un ‘crossover’ entre los campamentos de las juventudes de ETA y las de la Sauna Adán, de 'Barrio Sésamo' y 'Las Edades de Lulú'. Mientras la fiscalía se enteraba por televisión, la consejera de Juventud del Gobierno Vasco asegura que con ella no va la cosa y la asociación se defiende declarando que el campamento fomentaba en valores transfeministas y en la formación del euskera. Esto pasa por la cristalización de esas teorías generistas que uno escucha en conferencias de la universidad de Columbia y del Monasterio de Igualdad como si oyera hablar a un extraterrestre y que, aplicadas a la realidad dan fruto en este tipo de manicomios. En realidad, llevar a tu hijo a un campamento transfeminista y antiespañol, un laboratorio queer fuertemente ideologizado, implica no ver unas unas banderas rojas que para no advertirlas hay que no tener ojos en la cara. O creerse el rollo de la mezcla entre el woke y el movimiento nacionalista, del orgullo y las 'lege zaharrak', uno de los híbridos menos evidentes pero con más éxito desde el día en que se cruzaron los sanfermines con las rancheras.