Dieciocho mil kilómetros de memoria y desilusión

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Jose Miguel Iriberri

Publicado el 27/09/2025 a las 05:00

El pasado miércoles, 24 de septiembre, con la primera luz del amanecer, María José Rama emprendió un viaje de ida y vuelta en el día, Gijón-Leitza. Ochocientos kilómetros. Cerca de 18.000 sumando los viajes de cada 24 de septiembre desde aquel día de 2002, cuando el guardia civil Juan Carlos Beiro murió asesinado por la banda terrorista ETA.

Juan Carlos y Marijose formaban un matrimonio joven, eran padres de dos hijos, gemelos, de seis años de edad, y tenían la vida por delante, con la ilusión y la esperanza de la juventud. Una vida que los terroristas truncaron con una carga explosiva. El viaje a Leitza de cada 24 de septiembre ha sido para María José y sus hijos un viaje a la memoria y por la memoria. Y por la dignidad, la verdad y la justicia. 

“Sigo viniendo después de tantos años porque la misa y la ofrenda floral son un acto de recuerdo y un grito de petición de justicia. Y para agradecer la amistad del grupo de vecinos del pueblo que lo organiza todo”, suele decir María José Rama.

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Casi 18.000 kilómetros de memoria desde entonces, siempre con la esperanza de que los asesinos de su marido fueran detenidos y juzgados. Justicia es lo menos que podía pedir. Y lo único que pide. Pero no habrá 800 kilómetros más, en 2026. Fin. 

La memoria permanece, pero aquella esperanza de justicia es hoy desilusión. Y se diría que desesperanza, si el término no se pareciera tanto al de desesperación. “Pienso que no va a haber juicio, que los asesinos no van a cumplir la pena en la cárcel. Yo no puedo más. La esperanza se me acaba. Os quiero a todos de corazón y os recordaré siempre”, dijo María José en la despedida, entre las banderas de Navarra y España, y las flores colocadas en el recodo de la carretera donde cayó muerto su marido.

No es desesperación, porque la vida sigue en el recuerdo, pero sí desesperanza lo que sienten las víctimas. Todavía en 2025, el año de los casi 18.000 kilómetros de María José Rama, las víctimas reciben bofetadas de burla. Los herederos de ETA, que no condenaron los crímenes entonces ni los condenan ahora, aplauden impunemente a los criminales aprovechando excarcelaciones, fiestas de la calle, posiciones políticas. Viene de lejos.

Silvestre Zubitur, concejal de UPN en Leitza, el hombre que da voz al grupo de vecinos organizador del acto, piensa que antes había como una pantalla ética y moral ante los seguidores de ETA, que hoy ha desaparecido. Las víctimas expresan el hastío al contemplar cómo Sánchez apoya en EH Bildu su mesa de gobierno y cómo el PSN sigue el ejemplo o la orden en el Palacio de Navarra. Un paso más, y en Pamplona le han entregado a Bildu la mesa entera.  

José Miguel Iriberri es periodista

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